Submarino nuclear estadounidense opera en Malvinas con apoyo británico

En un hecho sin precedentes, la marina de los Estados Unidos y la aviación británica realizaron tareas de control y ejercicios militares con flota de propulsión nuclear en una franja del Atlántico Sur, declarada como Zona de Paz y Cooperación por Naciones Unidas en el marco del reclamo argentino de soberanía por Malvinas y el archipiélago.

El despliegue militar fue confirmado por el propio Comando de Fuerzas Submarinas del Atlántico estadounidense, que a través de Twitter precisó que en esa región de ultramar navegó el USS Greenville (SSN 772), un submarino de propulsión nuclear que cuenta en su historial con tres accidentes. En uno de ellos (2001), chocó contra un buque pesquero japonés, lo hundió y provocó la muerte de 9 tripulantes.

En la misma publicación reconoce que las tareas fueron realizadas en colaboración con aviones británicos y lo celebra de una manera desprejuiciada: “Nuestras Fuerzas Submarinas dependen de alianzas y asociaciones para disuadir la agresión marítima, defender nuestros intereses nacionales y dominar el dominio submarino”, según dijo el titular de esa fuerza norteamericana, el vicealmirante Daryl Caudle.

A pesar de que la información dice que el submarino navegaba por aguas internacionales, la gravedad de la confirmación de tareas militares conjuntas -que claramente tuvieron el visto bueno de Washington y Londres- enciende varias alertas. No solo implica la “violación” de los acuerdos de paz en el marco del conflicto por la soberanía de Malvinas sino que también deja abierta la posibilidad de que la flota angloestadounidense haya ingresado a espacios marítimos soberanos argentinos.

El mensaje del comandante de las Fuerzas Submarinas estadounidenses tiene otro componente que desafía la normativa internacional. Dice que la colaboración provino de aviación inglesa con base en el “Territorio Británico Independiente de Ultramar (BIOT, por sus siglas en inglés) en las Falklands Islands”.

Esta denominación de Malvinas va a contramano “de las resoluciones de la ONU y la posición oficial del gobierno de Estados Unidos”, advirtió Melella, gobernador de Tierra del Fuego.

El secretario de Malvinas, Antártida e Islas del Atlántico Sur de la gobernación fueguina, Andrés Dachary, explicó que esas acciones no solo transgreden la resolución 41/11 de la Asamblea General de la ONU sino que también van a contramano de una normativa que data de 1986, cuando Naciones Unidas abrió “un paréntesis imaginario entre Brasil, Uruguay y Argentina, hasta las cosas africanas de Senegal y Sudáfrica, que deja a esa zona para acciones de cooperación e investigación científica, prohibiendo taxativamente cualquier presencia nuclear y proceso de militarización”.

“Esto preocupa desde muchísimos niveles: (desde la soberanía por) Malvinas, lo ambiental y lo geopolítico. Es un mensaje que se quiere dar al mundo de asociación al Reino Unido y la invocación a Malvinas no es casual”, consideró.

La actividad angloestadounidense en el archipiélago es también un eco de la política de desentendimiento sobre el reclamo de soberanía argentino durante el gobierno de Mauricio Macri. Esa postura de no reclamos se vio coronada con el cuestionado acuerdo Foradori-Duncan, que en 2016 hizo concesiones al Reino Unido para la explotación de los recursos naturales argentinos en la región y le bajó el tono a los reclamos por Malvinas.

A través de un comunicado oficial la Cancillería argentina expresó “su grave preocupación” este viernes “por una información surgida de la cuenta oficial de Twitter del Commander Submarine Force Atlantic (Comsublant) por la cual se señala que recientemente habrían operado con apoyo británico en el Atlántico Sur, ‘demostrando el alcance global de ambas naciones’”.

El Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto argentino afirma que “corresponde recordar que la presencia de naves susceptibles de portar y emplear armamentos nucleares en el Atlántico Sur contradice la Resolución 41/11 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Zona de Paz y Cooperación en el Atlántico Sur), que entre otras disposiciones, exhorta a los Estados de todas las demás regiones, en especial a los Estados militarmente importantes, a que respeten escrupulosamente la región del Atlántico Sur como zona de paz y cooperación, en particular mediante la reducción y eventual eliminación de su presencia militar en dicha región, la no introducción de armas nucleares o de otras armas de destrucción masiva”.

Cancillería recuerda que “no es la primera vez que la Argentina ha marcado” la presencia “de una base militar británica en las Islas Malvinas, que es asimismo contraria a distintas resoluciones de las Naciones Unidas”.

“La utilización de esas fuerzas instaladas ilegalmente para objetivos geoestratégicos globales son una demostración acabada de que los argumentos utilizados por el Reino Unido nada tienen que ver con la relación bilateral con la Argentina”, dice el comunicado.

Por último Cancillería dice que el Gobierno de Alberto Fernández “insta a todos los Estados signatarios del Tratado sobre la proscripción de las armas nucleares en América Latina y el Caribe (Tratado de Tlatelolco) y sus Protocolos Adicionales a respetar sus disposiciones y abstenerse de realizar todas aquellas actividades que pongan en peligro el estatuto de desnuclearización militar de la región”.

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