A menor sindicalización, mayor desigualdad

Distintos estudios apuntan a una fuerte relación entre la existencia de sindicatos fuertes y mayores niveles de igualdad socioeconómica.

Un estudio publicado el 6 de septiembre de 2020 por el Instituto de Investigaciones Santa Fe, de los Estados Unidos, trajo nuevas evidencias sobre la relación entre la caída en los niveles de sindicalización y el aumento de la desigualdad.

El caso de los Estados Unidos, es uno de los países que experimentó mayor crecimiento de la desigualdad en las últimas décadas, en simultáneo con una progresiva caída de la sindicalización. Según los datos presentados en esta nueva investigación, que profundiza la línea la correlación entre ambos fenómenos; a mediados de los 70’s, cerca del 25% de los trabajadores estadounidenses estaban sindicalizados. Actualmente, esa cifra se redujo al 10%.

Esta caída en el nivel de sindicalización fue acompañada por el aumento de la desigualdad, fundamentalmente, a costa del incremento de los ingresos del sector 10% más rico, a partir de los años 80’s. Es decir, si en 1980 el 10% más rico recibía el 32% del ingreso total; en 2015, recibía el 47,8%. Esta tendencia de las últimas décadas se contrapone a la de mediados de siglo XX, cuando la distribución de los ingresos era mucho más equitativa. De esta manera, la creciente desigualdad se retrotrae a niveles peores de los de la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos.

Segun el analisis publicado por el periodista Ignacio Lautaro Pirotta, la forma de “U” que mostró la curva de la desigualdad en ese país y la significativa caída de la sindicalización, hicieron de Estados Unidos el caso más estudiado sobre la correlación de ambos fenómenos.

Sin embargo, tal correlación no tiene lugar solo en el país del norte y hay estudios similares en varias partes del mundo, incluyendo a la Argentina, así como trabajos que comparan grupos de países. Algunas investigaciones publicadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) han avanzado en la misma dirección, sosteniendo, entre otras cosas, no solo la relación entre sindicalización e igualdad, sino que el efecto positivo de los sindicatos no se limita solo a sus afiliados, sino que influyen positivamente en una más equitativa distribución de ingresos. Así lo sostienen Florence Jaumotte y Carolina Osorio en un trabajo publicado en 2015 por el organismo. Otro estudio sobre el tema, es el de Carlos Mulas y Maura Francese, publicado y premiado por el FMI, el cual indica que la brecha de los ingresos está asociada a tres factores: el crecimiento de la globalización financiera, el decrecimiento de la sindicalización industrial y la reducción del tamaño del Estado.

Por otra parte, un documento publicado por el Instituto de Economía Política, también en Estados Unidos, sobre la misma materia, sostiene que los sindicatos son instituciones esenciales para una economía justa y una democracia “vibrante”. La representación de los trabajadores y la negociación colectiva son fundamentales para la prosperidad del conjunto de la sociedad. En ocasión de aquella publicación, que fue reproducida en distintos medios, como el Washington Post, el gráfico elaborado por los investigadores, muestra de manera contundente la correlación entre caída de la sindicalización y el aumento de los ingresos de tan solo el 10% de la clase alta.

Actualmente en países como Argentina se observan campañas contra los sindicatos al mismo tiempo que avanza el fenómeno conocido como uberización, es decir, la economía a partir de plataformas digitales como las aplicaciones para celulares. La informalidad de la economía, no obstante, es un problema anterior a la aparición de nuevas tecnologías.

Por otro lado, de acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2014 la Argentina tenía un nivel de sindicalización del 27,7%, contra el 42% del año 2001. A pesar de la caída en la sindicalización, durante el período 2003-2014 el país redujo la desigualdad a partir de múltiples políticas entre las que se encuentra la revitalización de los sindicatos mediante la negociación colectiva, según lo explica la tesis doctoral de Lucía Trujillo Salazar, de la Universidad Nacional de La Plata.

De acuerdo al Informe sobre la desigualdad global de 2018, del Laboratorio Sobre la Inequidad Global, la desigualdad ha crecido en prácticamente todas las regiones en las últimas décadas. Sin embargo, ha avanzado de forma diferente en cada país, lo que, según el informe, muestra la influencia de las distintas políticas e instituciones sobre la desigualdad.

Una de las diferencias más llamativas en cuanto al ritmo de avance de esta problemática, se da entre Europa Occidental y Estados Unidos. Mientras que en ambos el 1% más rico tenía una participación del 10% sobre los ingresos totales en 1980, para 2016 en Europa Occidental el 1% ganaba el 12% de los ingresos totales, mientras que en Estados Unidos esa cifra había subido al 20%. Nuevamente, la caída de la sindicalización aparece como uno de los factores explicativos de la creciente desigualdad.

Relación entre tasa de sindicalización y nivel de ingreso de la clase media en EE.UU

Otro estudio, publicado por la Confederación Sindical Internacional, comparó los datos más recientes sobre tasa de sindicalización en el mundo según la OIT con el Índice de Desarrollo Humano (producidos por el PNUD), encontrando una correlación positiva entre estas dos variables, incluso más fuerte que la existente entre el IDH y el PBI per cápita. Esto sugiere que la tasa de sindicalización puede ser uno de los factores que mejor explique el desarrollo humano de un país, incluso por encima del nivel de ingreso. Entre mayor es la tasa de sindicalización de un país, mayor tiende a ser su nivel de desarrollo humano.

Como la OIT lo ha señalado en su último Informe Mundial sobre Salarios, la capacidad de la negociación colectiva para reducir la desigualdad depende de los marcos de negociación o el grado de coordinación entre trabajadores. Los países en los que un amplio sector de los trabajadores está cubierto por acuerdos colectivos tienen una menor desigualdad socioeconómica.

A su vez, los sindicatos juegan un papel crucial en el reconocimiento de los derechos humanos en general y en la implementación de políticas sociales. Algunos de los derechos más valorados por la población en general son productos de las conquistas sindicales (jornada laboral, abolición del trabajo forzoso e infantil, derechos a la seguridad social). Los sindicatos son instrumentos por medio de los cuales los trabajadores dejan de tener un poder limitado en cuanto individuos aislados para convertirse en actores colectivos claves en la lucha por políticas sociales más justas.

En la Argentina, uno de cada cuatro trabajadores (formales e informales) están afiliados a un sindicato. Si se considera sólo el trabajo registrado, casi el 39% forma parte de alguna organización sindical. Los datos surgen del informe “Radiografía de la sindicalización en Argentina”, elaborado por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), con datos de la Encuesta Nacional sobre la Estructura Social de los años 2014 y 2015. El número de sindicalizados en el empleo público es del 46%, mientras que en el privado llega al 35%.

La Argentina es el segundo país con mayor tasa de sindicalización de Sudamérica, debajo de Uruguay, que alcanza al 30%, de acuerdo con datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En los últimos años, la cantidad de trabajadores privados afiliados a sindicatos se mantuvo estable entre el 37 y 40%.

Los rubros con mayor sindicalización en el sector público son, en este orden, Enseñanza (49%), Salud y Asistencia social (46%) y Administración pública y defensa (37%). En el sector privado, Transporte y alimentación (50%), Industria (45%) e Información y comunicaciones son los rubros que más trabajadores afiliados tienen (40%).

Después de 1946, bajo el gobierno de Juan Domingo Perón, en la Argentina creció sustancialmente la afiliación sindical. En 1954, la cantidad de afiliados sindicales alcanzaba a más de dos millones; el aumento más marcado había tenido lugar en 1947-48. La tasa de sindicalización llegaba al 42% de los asalariados, y al 50% de los asalariados no agrícolas. Durante los primeros gobiernos peronista se alcanzó el mayor nivel de equidad en la sociedad, luego con altibajos, producto de sucesivos golpes de Estado, lográndose entre los primeros años de la década del ’70, los niveles superiores.

Durante las últimas décadas, en Argentina, a pesar de las persecuciones a las organizaciones gremiales durante la última dictadura militar, el desmembramiento del Estado, los altos índices de trabajo no registrado, las políticas liberales y la campaña cultural de desprestigio contra los sindicatos. La tasa de sindicalización bajo, sin embargo pudo mantener un índice alto. A su vez, el movimiento sindical mantuvo una importante capacidad de convocatoria: las organizaciones sindicales fueron por lejos el principal convocante a las acciones de protesta en el ciclo 1993-2001 (35,9% frente a 7,3% de las organizaciones de desocupados y 7,2% de las de pequeños empresarios), teniendo así, la capacidad de articular en la acción a las distintas fracciones populares. Siguiendo en la actualidad ocupando el primer lugar.

La tendencia descendente de la desigualdad a nivel mundial se mantuvo hasta la década de 1970. Pero a partir de las décadas de 1980/90, la desigualdad aumentó de nuevo (coincidiendo con la caída del bloque comunista y el auge de gobiernos neoliberales en occidente), de manera que a inicios del siglo XXI algunas sociedades se encuentran en los niveles de desigualdad, que no se conocían desde la década de 1920.

En una economía donde el sindicalismo pierde poder, resulta más fácil para las élites poner las agendas de los gobiernos a su servicio. De esta forma, es más fácil lograr una captura de la democracia.

Por todo lo dicho, los sindicatos están llamados a ocupar un rol central en la construcción de una sociedad más justa, igualitaria y democrática.

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