Juan Ocampo, mártir de la juventud trabajadora

Por Esteban Martine

El 1° de mayo de 1904 se realizó un acto con 70.000 obreros en el barrio porteño de La Boca. La policía de Roca reprimió, asesinando al joven marinero de 18 años Juan Ocampo.

Ver: Asesinato y Desaparición del marinero Juan Ocampo (primer mártir del movimiento obrero argentino)

Corría el año 1904. El territorio argentino era una semi – colonia que enriquecía a una podrida oligarquía terrateniente, sirviente del capital imperialista inglés.

Al frente de la presidencia se encontraba nada menos que Julio Argentino Roca, uno de los grandes genocidas de nuestra historia; el encargado de la “campaña del desierto”, nombre con que se denominó al exterminio de decenas de miles de pobladores originarios. Roca, entre otras cosas tuvo el “mérito” de haber restablecido legalmente la esclavitud, y de haber respondido con la represión abierta a las luchas de los trabajadores.

La clase obrera venía entrando a escena de la mano de los cientos de miles de inmigrantes que cruzaban el océano hacinados en barcos, huyendo del hambre. Hacían andar el ferrocarril, el puerto, el comercio, los barcos, los frigoríficos y una producción en pequeños talleres que, en general, sólo servía de complemento a la actividad agropecuaria, que alimentaba y vestía a Europa. Comenzaban a surgir las primeras grandes fábricas.

Las condiciones de existencia de esa joven clase obrera eran infrahumanas. Con jornadas que llegaban a las 18 horas, y salarios que apenas alcanzaban para lograr la mera subsistencia. En el caso de las mujeres y los niños, el jornal era siempre menor. El “sobrante” de los contingentes inmigrantes era empleado como peón “golondrina” en trabajos temporales en el campo.

Sin embargo, la pesadilla no terminaba al salir del trabajo. Los conventillos, lejos de la idea “pintoresca” que se tiene, eran miserables focos infecciosos. Como decía un informe de la época : “el conjunto de piezas, más que asemejarse a habitaciones, cualquiera diría que son palomares”. En esos “infiernos”, que amontonaban 100 o 150 personas cada uno, “el ejército de chicuelos en eterna algarabía no cesan en su gritería, mientras los más pequeñuelos, semidesnudos y harapientos, cruzan por el patio recogiendo y llevando a sus bocas cuanto residuo hallan a mano…”.

El movimiento obrero, y el primer desaparecido de la historia nacional

En ese contexto, difícil era contener a un movimiento obrero combativo, en ascenso, en el que se expandían como un reguero de pólvora las ideas anarquistas y socialistas, importadas sin querer en los transatlánticos. Hace pocos años habían tenido lugar las primeras huelgas, sectoriales y generales. Se multiplicaba la organización en gremios, contra un régimen fraudulento y represivo, que nada tenía para ofrecer a quienes venían de dejarlo todo.

En respuesta a esa emergencia el régimen impone la “Ley de Residencia”, para extraer del seno del movimiento obrero a los principales “agitadores” y deportarlos a sus países de origen.

El movimiento huelguístico conoció durante el año un auge sin precedentes. Las huelgas ya no sólo ocupaban el centro de la escena en la Capital, sino que se extendían por el interior del país (Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, etc.).

En ese ambiente caldeado, como relata Osvaldo Bayer, es que el 1º de mayo de 1904 se reúnen unos 70.000 obreros en el barrio de La Boca. Muchos de ellos hacían flamear sus banderas rojas. El reclamo era el mismo que habían encarnado 18 años atrás los obreros de Chicago, y por el que habían sido condenados a la horca George Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons, Auguste Spies y Louis Linng: la jornada laboral de 8 horas. 70.000 obreros, en una Buenos Aires de unos 800 mil habitantes.

“Ese acto se hizo a pesar que estaba prohibido por la policía y como se trataba de un 1° de mayo, ese día los obreros debían trabajar y si faltaban a sus tareas eran dejados cesantes por la patronal. Como se presumía, el acto fue atacado por la policía y se produjo el primer mártir de los obreros de Buenos Aires, el marinero Juan Ocampo, que fue muerto a balazos por la policía. El cadáver del joven marinero fue llevado por sus propios compañeros al local del diario anarquista “La Protesta” y velado allí.”.

Los relatos indican que fueron miles los que acompañaron el cuerpo sin vida del joven de 18 años, cargado en hombros por sus compañeros. Los obreros cantaban el himno anarquista Hijos del Pueblo. Las mujeres improvisaban ramos de flores. Después de ser velado, esa misma noche: “Roca mandó a la policía, que cuando llega destruye todo, y se lleva el cadáver de Juan Ocampo. Fue el primer desaparecido de la historia argentina”.

Por la revancha histórica

La estatua más grande de Buenos Aires, y la mejor ubicada (apuntando a la Rosada), recuerda a Roca como uno de los mayores héroes nacionales. Para Juan Ocampo no hay ni una línea en los libros de historia oficiales. Las condiciones de trabajo y de vida no son idénticas que hace 100 años. Pero ese monumento es un símbolo de la explotación y opresión que hasta hoy estructuran el conjunto de nuestra sociedad.

Nota completa en la Izquierda Diario

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