Terrorismo Laboral

El terrorismo puede definirse como un entramado de actos ordenados a generar terror en una sociedad a fin de, luego, imponer otro orden. El terror podría asociarse a muchos conceptos pues genera un particular estado emocional, un impacto importante sobre la sensación de seguridad personal, de estabilidad, sobre la capacidad de proyección en tiempo y espacio, etc. La historia argentina y latinoamericana está plagada de distintos terrorismos. Los hubo ‘de Estado’, los hubo ‘económicos’, los hubo ‘financieros’.

El terrorismo desde el poder ha sido instrumento de excelencia para el disciplinamiento de los movimientos sociales. La desocupación como mecanismo de generar terror se utiliza tambien, como una forma de disciplinamiento social. Tanto por el sector empresario para obtener beneficios propios inmediatos como por otros actores de la cadena laboral. Nos ha inmovilizado o, al menos, reducido la movilidad personal y social bajo la amenaza de perder lo poco disponible en materia de ‘trabajo’ (desempleo, precarización, contratos ‘basura’, ‘becas’, Planes Trabajar, retiros voluntarios, etc.).

LA CONVENCIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS
(Art. 23)

  1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
  2. Toda personal tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
  3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
  4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

UNA VIOLACIÓN FUNDANTE
El Derecho a un empleo digno es uno de los que al ser violados genera condiciones para la violación de muchos otros. La estabilidad laboral minimiza la vulnerabilidad social. No en vano el anhelo histórico de las sociedades modernas ha sido lograr el empleo pleno.

DERECHOS Y PODER
Los Derechos Humanos no existen por voluntad de Organismos o Legisladores que en un momento deciden conceder determinados Derechos como en otros momentos podrían decidir quitarlos. Los Derechos Humanos son intrínsecos a la Persona Humana. No obstante debe advertirse que su formulación en Convenciones o Leyes constituye un, aunque no suficiente, importante avance en su operativización. En Argentina el Derecho a Trabajar, entendido como el Derecho a un empleo digno, está constitucionalmente protegido. Es norma positiva.

Ahora bien ¿basta esto? Recordemos que todo orden jurídico supone, al menos, tres componentes. Uno es el denominado ‘Derecho Objetivo’, es decir el conjunto de leyes dadas por el Poder Legislativo, escritas y vigentes. Otro es el denominado ‘Derecho Subjetivo’, constituido por la facultad que el Ciudadano tiene de reclamar por el reconocimiento de Derechos contemplados en leyes. Y el tercer componente es el denominado Poder Jurídico, que es el efecto real posible de alcanzarse al ser operados los dos componentes anteriores. La Declaración Universal de los Derechos Humanos y sus sucesivas operativizaciones (Derechos del Niño, etc.) expresan relaciones de fuerza que hicieron posible una conceptualización de tales Derechos y no otra. El Poder Jurídico, es decir el poder hacer valer (Derecho Subjetivo) lo que está escrito como Derecho Objetivo depende también de relaciones de fuerza. A esta lógica no escapa la situación del empleo.

LA FUERZA DEL TERRORISMO
La desocupación es, antes que un problema de la Economía (si la entendemos como ciencia autónoma), una cuestión propia del orden político. Es decir del orden de las relaciones de fuerza, que deviene de modelos de acumulación de riquezas, de producción y consumo, todos procesos que requieren de fuerza para ser impulsados. Es esta fuerza la que los posibilita.

Pero si existe el terrorismo laboral basado en la desocupación, y la desocupación es un problema del orden político antes que del económico ¿de dónde deviene la fuerza de tal ejercicio terrorista? La respuesta es compleja pero una de las dimensiones aparece nítida en medio de tal complejidad. Es evidente que la violación masiva de uno de los Derechos Humanos fundamentales (al trabajo bajo la forma de empleo digno) se ha instaurado una realidad social particular. Y esta realidad social se apoya sobre vínculos sociales que moldean una subjetividad particular. Esta subjetividad, por su parte, moldea los vínculos sociales y los vínculos sociales realimentan un modo particular de posicionamiento frente a los semejantes, frente al conjunto y frente a sí mismo. La masiva violación del Derecho al Trabajo fortalece el proceso de internalización de la conciencia del opresor en la del oprimido. Y devienen conductas altamente degradantes, lógicamente incomprensibles, en ocasiones autodestructivas, que deterioran poco a poco la estima personal, ya no solo en el desocupado. Lo que se resquebraja no es, meramente, la situación socioeconómica de unos o de muchos, lo que se resquebraja es la íntima constitución ética del Sujeto, y siendo la conducta humana un continuo no puede suceder otra cosa que expresarse ese íntimo resquebrajamiento ético en las conductas exteriores, el darwinismo social se enseñorea, el terrorismo laboral consume su alimento que obtiene del propio cuerpo social, destruyendo para sus intereses propios la sociedad en su conjunto, debilitando las fuerzas sociales que dependen de la fuerza de los medios laborales.

Las crisis, en todos sus aspectos, en su gen, suponen el fin de un proceso y el nacimiento de otro, cuando estás crisis provienen netamente de políticas estatales y empresariales, siempre buscan modificar la estructura laboral en la sociedad. A mayor terror, en este caso el desempleo, más fácil se torna la imposición de nuevas reglas que deterioran el tejido social y hacen más evidente la relación de fuerzas.

Cuestión Social

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