Sociedad de Resistencia y Protección Mutua de Marineros, primer gremio marítimo

Puerto de La Boca, finales del siglo XIX

A fines del siglo XIX, se produjo una gran transformación en el seno de la clase trabajadora, siendo años marcados por la crisis económica y la movilización de los trabajadores, las que definieron la aparición en escena de este nuevo sujeto y la preocupación de las elites por la emergente “cuestión obrera”.

Fue en este periodo cuando se realizó la primera movilización obrera en el puerto, que incluyó a los marineros del Rio de la Plata. Ese universo laboral particular solo puede entenderse refiriendo al conjunto de sus trabajadores, posiciones y estructura. Un rasgo sobresaliente y característico de su organización y proceso de trabajo fue la estructuración segmentada de las labores a bordo, donde miles de trabajadores se sumaban a las diversas secciones y categorías. Tanto la tripulación como los oficiales se dividían entre las secciones de cubierta, sala de máquinas y la cocina. Al interior de cada una de estas se desplegaba un estricto escalafón: desde contramaestres, marineros con diferentes funciones y escalafón – bodegueros, timoneles y faroleros o guincheros, quienes manejaban grúas de carga y descarga- en cubierta, maquinistas, foguistas y carboneros en sala de máquinas, mayordomos, cocineros y mozos en la cocina, por mencionar algunos. Los oficiales, en particular el capitán, constituía la máxima autoridad a bordo.

La primera movilizacion y la primer huelga de marineros (1888-1889)

Los marineros fueron los primeros en movilizarse a finales del año 1888, en plena época estival, para reclamar un aumento salarial. La huelga sin embargo se evitó con la pronta respuesta satisfactoria de las empresas navieras.

Estos mismos trabajadores fueron a la huelga meses después, en agosto de 1889, constituyendo parte de un movimiento general de agitación obrera en la zona del portuaria porteña, en el que se involucraron también peones de las obras del puerto, barranqueros, y otros sectores. La participación de unos 1500 trabajadores de abordo muestra la amplia adhesión, lograda “recorriendo fondas y almacenes, e incitando a sus colegas a un levantamiento en masa, como único medio de traer a los patrones a un arreglo”.

Cuando la huelga desbordó el puerto y se expandió a otros sectores, el sub-prefecto se reunió con los huelguistas, quienes lograron la aceptación de sus reclamos en el sector marítimo.

Sociedad de Resistencia y Proteccion Mutua de Marineros (1895)

El año 1895 fue un año fecundo en huelgas, en parte vinculado a la recuperación económica y el nuevo impulso de los trabajadores por sus demandas, en el centro de las cuales se ubicó el reclamo por la limitación de la jornada laboral.

En ese camino, buscando transformar sus condiciones de trabajo al interior de las embarcaciones mercantes, los marineros del puerto porteño reimpulsaron la agitación y se declararon en huelga. Esta acción, a diferencia de las anteriores, tendría un saldo decisivo para la organización obrera del sector.

En la movilización de esos días se constituiría la Sociedad de Resistencia y Protección Mutua de Marineros, primer órgano sindical marítimo que logró perdurar durante años y que cambiaría su nombre tiempo después.

La huelga, sostenida en los primeros 15 días del mes de enero, movilizó a unos 4.000 marineros, a los que se sumarían foguistas y trabajadores de los talleres de la ribera. En esos momentos, más de 8 mil trabajadores (8.540) estaban vinculados al trabajo embarcado en el Puerto de Buenos Aires, la mitad de los que existían en todo el país, trabajando en los diversas secciones y categorías a bordo, evidenciando el peso de las tripulaciones del puerto porteño sobre el conjunto nacional.

En una nota enviada a Nicolás Mihanovich, presidente del Centro Marítimo Nacional y referente patronal, los marineros reclamaban un salario mensual de $50m/n y un adicional por trabajo nocturno y días festivos, junto a comida en buenas condiciones, o que las empresas cedieran la manutención a las tripulaciones.

Mediante la conformación de una comisión de huelga, de piquetes en los muelles y la realización de recorridas por el puerto, diques y calles del barrio, la circulación de manifiestos, el ejercicio diario de la práctica asamblearia en teatros y salones de La Boca, los trabajadores buscaron potenciar su acción, extender la adhesión de más tripulantes y construir solidaridad y consenso con su lucha.

El barrio todo se veía convulsionado por la huelga: “La Boca actualmente es una romería, presenta un aspecto nunca visto, pues por sus calles se ve hormiguear numerosos grupos de huelguistas que tratan de someter por la fuerza a aquellos que no quieren secundarlos […] no solamente han buscado prosélitos en los grandes buques, sino también en las embarcaciones pequeñas, donde los patrones y peones han sido obligados a tomar parte”. Resaltaba el periódico La Nacion, la violencia existente en algunos actos, como los desembarcos forzosos provocados por grupos de una treintena de tripulantes en el vapor Onix o la lancha Jovellana, en la cual no se permitió que permanezca a bordo “ni el cocinero”. A partir de estas descripciones de la prensa, puede apreciarse las formas efectivas en que los trabajadores llevaron adelante el conflicto, cuya particularidad residía en el control físico del puerto y de las embarcaciones para sostenerlo, pero también para ampliarlo a otros sectores y fortalecerlo. La preocupación generada por estos hechos también se expresó en la inmediata intervención del gobierno conservador, el cual por un lado buscó un acuerdo con los huelguistas, y por otro dispuso la intervención represiva que reclamaban los armadores en los muelles y esquinas ribereñas. La patronal marítima no se quedó de brazos cruzados: contrato a aquellos dispuestos a trabajar, declarando un lockout y enfrentándose a los pequeños lancheros y empresas como Lambruschini que habían aceptado un acuerdo con los trabajadores en huelga.

El día 6 de enero, sin permiso policial para reunirse en el Teatro Ateneo Iris, los marineros en huelga se convocaron en el local de la Asociación Anticlerical de La Boca. En dicha sede, repleto de huelguistas y con más de 500 trabajadores afuera, se realizó la asamblea que dio origen a la Sociedad de Resistencia y Protección Mutua de Marineros.

Allí se leyeron notas de apoyo y solidaridad de las sociedades de pintores, albañiles, tipógrafos, sastres, carpinteros y del Centro Socialista. La comisión directiva que se votó asambleariamente estuvo conformada por Antonio Sciascia, Víctor Marchi, Francisco Bonocore, Rofin Lanza y Rafael Demarchi. Esta constituía la dirección de la nueva sociedad, la que con unos 2 mil miembros, inició sus actividades con la apertura de una suscripción a favor de los huelguistas necesitados y el nombramiento de una comisión de propaganda, que junto a la comisión directiva estaban reunidas en forma permanente en aquel centro de La Boca.

Para administrar el Fondo de Huelga, constituido por la colaboraron del resto de las sociedades, los huelguistas, los comerciantes y vecinos, se conformó una comisión que daría a cada marinero sin familia un peso diario, y 1,50 a aquellos que tuvieran esposa, hijos o familiares a cargo, poniendo en primer plano que la capacidad de resistir de las familias y huelguistas estaba en el centro del conflicto y su posible éxito.

Sumados los foguistas de los remolcadores a vapor, la expansión del movimiento huelguístico hizo que para el 10 de enero la huelga alcanzara enormes proporciones, con la participación de más de cinco mil huelguistas, extendiéndose incluso a los puertos de La Plata, Campana, Zárate, Colastiné, Goya, San Nicolás, Rosario y Diamante.

Levantado el lockout patronal, la huelga se prolongó por varios días, al igual que la militarización de la zona portuaria, lo cual derivó en la pérdida de fuerza y adhesión.

A los pocos días ya circulaban algunas embarcaciones, y se esperaba la llegada de marineros desde Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, a donde había sido enviada una comisión patronal para su reclutamiento. El caso de la tripulación correntina de la empresa de vapores y lanchas Gotuzzo, que no se había plegado a la huelga, ya había sido discutido en asamblea, generando preocupación al mismo tiempo que instalaba nuevas tensiones y divisiones entre los trabajadores marítimos.

La importancia de la solidaridad de los puertos del Litoral pasará a ser un dato clave en cada protesta marítima de aquí en adelante, y la sindicalización de los marítimos litoraleños será ya desde este momento un objetivo particular de la construcción gremial marítima y sus diversas experiencias.

En tales circunstancias, con el agotamiento de sus recursos y la incapacidad de imponer sus condiciones, los trabajadores aceptaron un exiguo aumento salarial, a las dos semanas de iniciada la huelga. Es más, el acuerdo, que ya resultaba precario ante las demandas originales, no fue respetado por los armadores, quienes al poco tiempo lograron revertir la situación.

Sociedad de Resistencia de Marineros (1901)

La Sociedad que surgió de esta movilización continuó su labor, incluso en periodos de alta desocupación, logrando sumar también a otros trabajadores de a bordo como los foguistas. Su presencia vuelve al escenario nacional en la huelga de comienzos de 1901. Ahora llamada Sociedad de Resistencia de Marineros se declaró en huelga frente a la empresa Mihanovich, ante múltiples condiciones acordadas incumplidas por ese armador. En dicha oportunidad, la comisión directiva de la Sociedad de Resistencia realizó asambleas diarias, constituyó un nuevo fondo de huelga y un comedor en el propio local gremial, prácticas que quedarían fijadas en el repertorio común la lucha obrera en general, y de los trabajadores embarcados en particular. También se formaron varios grupos de vigilancia para los buques parados. Para evitar incidentes o enfrentamientos entre estos grupos y otros trabajadores no adheridos al paro, el presidente de la Sociedad secuestró las armas “a todos los individuos a quienes se les dio esa comisión”.

Con el apoyo de los carpinteros de los talleres Mihanovich y de organizaciones afines de Ramallo, San Nicolás y Bahía Blanca, así como de los trabajadores de los puertos de Montevideo, Paysandú y Concordia, los obreros embarcados de Buenos Aires lograron la firma de un nuevo acuerdo que incluyó a todas las empresas navieras.

Tras dos semanas de huelga, el éxito de la medida no evitó la manifestación de conflictos al interior de la Sociedad, los que resultaron en el recambio en su presidencia bajo serias acusaciones de amarillismo y connivencia con los intereses patronales. Al partir su presidente, Antonio Fianaca, asumieron Antonio Garibaldi y Ángel Capurro como presidente y socio honorario respectivamente. Este último fue denunciado luego por su participación en la Comisión Directiva de la Sociedad Católica de La Boca, director y fundador del pasquín clerical La Libertad.

El desembarco de nuevas secciones, actores y organizaciones

En el nuevo siglo un nuevo actor dentro del conjunto obrero embarcado tomó la escena portuaria y su escenario: los foguistas. Sin haber estado ausentes, estos constituyeron su propia organización al calor de la intensa movilización obrera de 1902. La Sociedad de Resistencia de Foguistas contaba, para 1904, con 2.147 miembros. Ambas Sociedades habían adherido a la huelga general de fines de 1902, la primera en su tipo en el país, convocada en protesta por el allanamiento del local de la Federación Obrera Argentina. Dicha huelga provocó la paralización del transporte marítimo y ferroviario, así como el cese de todas las actividades en el puerto, en las fábricas y otros núcleos laborales, de la Capital y de otros puertos, como Rosario, La Plata, Campana, y Zárate.

Sociedad de Resistencia de Marineros y Foguistas (1903)

A los pocos meses, tras salvar una serie de problemas institucionales, marineros y foguistas dieron vida a la primera representación sindical conjunta, en un organismo que los reunió formalmente, sorteando de manera momentáneamente exitosa la fragmentación propia del mundo del trabajo marítimo. Surgió entonces la Sociedad de Resistencia de Marineros y Foguistas (SRMF), la cual a partir del 28 de junio de 1903, unificó las sociedades de marineros y foguistas, e incluyó a otros trabajadores de a bordo.

Los cientos de miembros del nuevo gremio, entre los que se contabilizaba una amplia mayoría de marineros, seguidos por foguistas, patrones, carboneros, cocineros, mozos y peones de cocina, según el registro de dicha sociedad, no constituían el horizonte real al cual la organización tenía llegada, es decir, la cantidad de asociados no daba cuenta real de la adhesión de los trabajadores del sector, los cuales en momentos de conflicto se contaban por miles.

Las afiliaciones o cotizaciones de los gremios en esta época, no eran reflejo de su real injerencia entre la clase obrera, al menos no en forma directa, ya que ante la ausencia de afiliación obligatoria, la adhesión a una organización determinada y sus acciones difería cualitativamente de lo que podemos pensar en la actualidad.

Precisamente un año después de creada, la Sociedad contó con su propio periódico, La Aurora del Marino, el cual aparecía semanalmente primero, luego mensualmente, en un formato que se fue modificando con el tiempo, y que pregonaba en su portada: “Proletario, en la lucha encontraras tus derechos”. Muchas veces se demoraba la salida de la publicación ante el apremio de las tareas urgentes, como las reuniones con el Centro de Cabotaje, la acción directa o problemas con miembros de la comisión detenidos o deportados, que hacían problemática la confección del periódico. Esta no fue la única publicación; de manera irregular la Sociedad publicó la revista El Trabajo, con aproximadamente 3.000 ejemplares, en la cual difundía ideas y hechos de la organización.

La Sociedad se fijó como objetivo no solo la mejora de las condiciones salariales y laborales, sino también, tal como afirma en su Estatuto, “alcanzar de los patrones y armadores el respeto y consideración a que son acreedores todos los hombres, sin distinción de raza”.

Los 43 artículos que constituían dicho estatuto hacían clara mención de los medios para logarlo: la participación gremial, la difusión entre los socios de la instrucción, la abstinencia a las bebidas alcohólicas, la abolición de toda distinción por nacionalidad y raza, y por último, la solidaridad con otras sociedades gremiales, del país y del mundo. Los deberes de sus socios, las acciones de solidaridad, de propaganda y otras cuestiones, como los días en que debía izarse la bandera roja con letras negras de la Sociedad, entre muchas otras cuestiones, quedaban fijadas a partir de la carta orgánica que la SRMF había confeccionado, dotándose así de una nueva herramienta para el funcionamiento de su organización.

La Sociedad funcionaba en base a un grupo permanente de inspectores, cuyo nombramiento y salario estaba a cargo de la asamblea general. Estos tenían a su cargo la tarea engorrosa de cobrar la cuota a los socios que no hubieran abonado en secretaría, tanto en tierra como a bordo, y también exigir, tanto a armadores como a capitanes y patrones, el debido respeto y buenos modales para con los trabajadores asociados. Incluso debían intervenir si no se llegaba a un acuerdo, retirando al socio de esa embarcación. Como si fuera poco, estos inspectores tenían como tareas auxiliares poner orden en las asambleas y colaborar en los asuntos de tipo administrativo requeridos por la secretaría.

A fines de 1903, pocos meses después de constituida, la SRMF impulsó su primer campaña de agitación.

Superada la crisis de comienzos de siglo, y en momentos de recolección y cosecha, la Sociedad envió una circular al centro de armadores exigiendo, entre otras cosas, aumento salarial y reducción de la jornada de trabajo. Dicho pliego de condiciones, que listaba múltiples demandas y reivindicaciones, planteaba a la vez una agenda común de problemas e intereses que se iría modificando a lo largo del tiempo y con cada conquista obtenida. Ante la negativa empresarial, unos aproximadamente 4500 marineros y foguistas declararon la huelga, reunidos aquella mañana del 16 de diciembre en el Teatro Iris en Almirante Brown al 1400.

En el centro de las demandas obreras se hallaba la exigencia gremial de convenir el número de tripulantes a bordo, cuya cantidad fijada por la autoridad marítima en relación al tonelaje y potencia del motor era permanentemente incumplida por los armadores. En cierta forma la Sociedad estaba reclamando para si cierta injerencia en las condiciones de trabajo, lo cual resultaba innegociable para las empresas y sus centros.

Como en oportunidades anteriores, se fueron sumando a la huelga otros embarcados, como los maquinistas y patrones, así como también grupos obreros diversos, como los estibadores, caldereros, pintores y carpinteros de los talleres de la ribera de Mihanovich y La Platense. “En el puerto la paralización es completa. Ha tenido que suspenderse hasta el servicio de correspondencia a Montevideo y a los puertos del Litoral. A no dormirse”, celebraba un periódico anarquista. En efecto, la huelga se dejaba sentir fuertemente en Barracas y La Boca y a lo largo del Riachuelo, donde el amarre era total.

Los periódicos daban cuenta de esta situación: “Los huelguistas no se dejan ver por la ribera, pero vigilan de cerca para impedir que ningún buque se mueva. La propaganda activa está en las calles y en los negocios de La Boca, llenos todo el día de gente perteneciente a la huelga”.

El relato patente y pintoresco de la situación de la huelga en los barrios del sur de la ciudad estuvo presente en diversos periódicos, tomando una alta visibilidad en la opinión pública.

Ninguna de estas crónicas puede superar a la nota que dos cronistas del diario El Tiempo dedicaron al reemplazo de la febril actividad laboral boquense por la desolación y tranquilidad de sus calles en tiempos de huelga, y la ebullición de la multitud reunida en el salón Verdi, ubicado en Almirante Brown al 700. A pesar de la extensión de la cita, su poder y riqueza descriptiva bien vale su reproducción: “Esta mañana, a la hora en que las calles de La Boca se hallan siempre en plena actividad, a las horas en que el trabajo del puerto se encuentra en su apogeo, con esa actividad febril en que todo es confusión, y un ruido ensordecedor, y un martilleo incesante prueba la actividad de la labor, mientras las idas y venidas en todas direcciones de los obreros incansables en su noble tarea, de vida y animación a ese barrio populoso de Buenos Aires, lo visitamos. Todo esto ha desaparecido hoy, las calles de La Boca, su arteria principal, la calle almirante Brown y la de Necochea, la orilla de la rivera, donde todo en los demás días es movimiento y trabajo, permanecen ahora desiertas por completo, silenciosas y tranquilas, y los obreros detenidos en uno que otro grupo comenta los sucesos y pregona sus ideales… Seguimos la calle Brown. En todo el trayecto notamos la presencia de algunos grupos de obreros observados de soslayo por algún policeman que ginete en su cabalgadura, empuñaba su carabina como para imponer su autoridad. Llegamos al fin de nuestra jira a la sociedad José Verdi, allí el aspecto cambiaba por completo. La cuadra llena de obreros que pugnaban por acercarse al local social donde sus compañeros discutían asuntos relacionados con movimiento huelguista. Tratamos de penetrar al salón. Imposible! Aquello era una verdadera avalancha humana. Había más de 2000 mil hombres apeñuscados, apretados, todos querían oír… todos querían ser los primeros…todos entusiasmados y decididos, nuestro intento resultó vano. Volvimos atrás y llegamos a la Sociedad de resistencia de los marineros y foguistas… Allí departía un numeroso grupo de compañeros, con los sucesos del día y la conferencia con el Ministro del Interior Dr. González”.

La mención al Ministro alude a la reunión que horas antes habían mantenido con Joaquín V. González, único árbitro al cual habían aceptado los trabajadores de la Sociedad. A pesar de estas gestiones la huelga continuo, apoyada en la extensa solidaridad de sectores cercanos, como los conductores de carros y otros gremios del puerto, y de los trabajadores marítimos de otros puertos como los de San Nicolás, Zárate, Ensenada.

Durante la movilización obrera del 1° de mayo de 1904, fue asesinado por la policia el marinero Juan Ocampo de la Sociedad de Resistencia de Marineros y Foguistas.

1° de Mayo: asesinato y desaparición del marinero Juan Ocampo, primer mártir del movimiento obrero argentino

Los fondos solidarios

Los fondos enviados ayudaban a centenares de tripulantes sin recursos, entre 500 y 600, a través de tarjetas que repartía la Sociedad para acceder a un almuerzo en las fondas de la calle Necochea o circundantes, donde se ubicaban la Fonda Veneta, la Española, Checa o Tres Hermanos, o los cafés Ligure, Greco, Dálmata, Del Russo o el Café de Bartolo, frecuentemente visitados por los trabajadores marítimos para alimentarse, reunirse, dormir y/o habitar en alguna pieza compartida, en tiempos de huelga pero también en otros momentos.

El periódico de la Sociedad informaba meses después que se habían pagado 936,65 pesos a las fondas, así lo señalaba un ítem de la Caja Social, cuyo balance entre salidas y entradas que daba cero, mostrando lo ajustado, cuando no escaso, de los fondos con los que contaba la Sociedad. Los comerciantes de Barracas y La Boca también enviaron a las comisiones de resistencia víveres y demás productos para las familias involucradas en la huelga. De esta manera, el sostenimiento de la huelga dependió de los recursos y redes de solidaridad tejidas por el gremio, vecinos y familias, e involucró a toda la sociedad barrial, sin la cual la huelga y su perduración en el tiempo no puede ser entendida.

Por otro lado, las consecuencias para la actividad portuaria y la exportación ya eran intolerables para las empresas. Vapores que zarpaban a escondidas, embarcaciones que viajaban con bodegas vacías tras dejar toneladas de cereales y cueros en las lanchas del puerto que no pudieron ser embarcados por la huelga, marineros de los transatlánticos teniendo que tripular ellos mismos los remolcadores que sacaran al buque ultramarino del puerto son algunas de las situaciones extremas que se sucedieron en esos días. La reiterada demanda de colaboración al Estado por parte de las empresas encontró eco cuando el gobierno puso a disposición de las navieras algunos buques a vapor traídos de Montevideo, otros pertenecientes a la Armada y Prefectura, a la vez que militarizaba la zona portuaria desplegando el 4to. y el 8vo. Regimiento de Caballería de Campo de Mayo, junto al 9no. Regimiento y al Regimiento de Granaderos. Con este apoyo las empresas, en particular Mihanovch, lograron ingresar nuevos tripulantes traídos de los puertos del Río Paraná y el Uruguay. Con el tiempo y la ayuda ministerial, las empresas resistieron y la huelga terminó en la una lenta vuelta al trabajo, que se prolongó por varias semanas. Recién a comienzos del mes de febrero se retiraron las fuerzas de caballería y los granaderos de la zona del puerto.

A fines de 1904 la Sociedad presentó un pliego de condiciones por mejoras salariales y condiciones de trabajo sin acompañarlo con una medida de acción directa. Los trabajadores de la Sociedad, aún con opiniones divididas manifestadas en la asamblea del día 13 de diciembre, votaron allí la continuación del trabajo y las gestiones de mediación del Jefe de Policía. Las empresas concedieron un aumento.

El complejo panorama interno de la Sociedad no impidió que en 1905 la misma incorporara una nueva sección, la de patrones de lanchas. En una asamblea extraordinaria realizada el 12 de enero en su local de la calle Olavarría al 300 acordó la existencia de estas tres secciones (marineros, foguistas y patrones) así como si funcionamiento autónomo, salvo cuestiones que requirieran la decisión conjunta de todos los gremios. Así, cada sección se abocaría a consolidar su existencia material e institucional, mediante el nombramiento de revisores de cuentas, el establecimiento de un local propio y la adquisición del mobiliario necesario para su funcionamiento.

La SRMF funcionó tempranamente de manera federativa, los gremios o secciones conservaron en su seno una autonomía extendida, tal como el caso de solidaridad de los foguistas con los maquinistas en 1905. A la vez, dicha autonomía de las secciones de la SRMF no solo no careció de conflictos; cuando éstos se presentaron, no logró minimizar los daños.

Disonancias y confluencias.

Las diferencias ideológicas y políticas podían ser disruptivas al punto de disolver la organización conjunta. La existencia de diversas estrategias de construcción gremial y política en estos primeros años fueron decisivas, así como los resultados de sus diputas y competencias al interior de un gremio particular, como el marítimo.

Más allá de la fragmentación laboral que marineros y foguistas habían logrado superar, constituyendo una organización obrera única, las diversas afinidades políticas y los debates ideológicos presentaran nuevas divisiones, que se expresaran también a través de la división por secciones. Así lo muestra el año 1906 y la huelga general declarada por la SRMF en el mes de enero, en cuyos primeros momentos ya se manifiestan tensiones contenidas. Finalmente, los foguistas se distancian de la Sociedad. Tras su partida, la Sociedad continuaba agrupando algunos foguistas que apoyaron su conducción. El procesamiento de estas diferencias llevó a la constitución de la Sociedad de Foguistas Unidos a fines de mayo de 1906.

A fines de ese convulsionado año, la SRMF voto por unanimidad reunida en el Teatro Iris ir a la huelga al día siguiente, el 27 de diciembre. Al mismo tiempo lo hizo la Sociedad de Foguistas Unidos, expandiéndose el movimiento hasta generar las condiciones de una virtual huelga general marítima, que involucraba a unos 8 mil trabajadores. Según el periódico anarquista La Protesta: “tratándose de una lucha contra el capitalismo, todas las pequeñeces se hacen a un lado. Así lo han entendido de común acuerdo las sociedades de Marineros y Foguistas y Foguistas Unidos, mancomunando sus fuerzas”.

De hecho, ambas organizaciones estuvieron en diálogo desde el día 24 para confeccionar el pliego y accionar en forma conjunta, tanto en Buenos Aires como en el puerto de Rosario. Marineros y foguistas enviaron así delegados a recorrer el Litoral y buscar adhesiones, tal como le describió el secretario Corvetto al delegado Jocharde de la Federación Internacional del Transporte, entonces ubicada en la ciudad de Hamburgo.

No estuvieron ausentes del conflicto los enfrentamientos violentos: al menos en dos oportunidades varios huelguistas se retaron con personal de la Prefectura y miembros de la Sociedad patronal Unión por el Trabajo Libre, con un saldo trágico de un muerto y varios heridos.

Mientras los armadores se negaban a todo reclamo, amarraban sus embarcaciones, suspendían pagos de jornales, prohibían retirar las ropas de los huelguistas a bordo de sus embarcaciones y solicitaban custodia militar para sus flotas, la SRMF enviaba delegados por todo el Litoral con las noticias de la huelga intentando sumar solidaridad y cooperación.

En paralelo con estos sucesos se desarrollaban las gestiones del Prefecto General de Puertos, Blanco, quien actuó como árbitro de facto desde los inicios de la huelga. Este envió un representante a la asamblea obrera realizada en la noche al día siguiente de iniciado el conflicto. Allí se eligieron 10 delegados, 5 marineros y 5 foguistas, quienes se reunirían con el prefecto, comunicando sus quejas por la mala calidad de la comida y las pésimas condiciones de higiene a bordo, incluidas alimañas, víboras y otras especies. A pesar de las sucesivas reuniones entre los delegados obreros y el Prefecto, e inclusive negando pedidos de empresas menores que querían negociar individualmente, la SRMF continuó con la huelga sin parcializar el conflicto.

El secretario de la SRMF Corvetto –quien había sido detenido por unas horas días atrás junto a 40 huelguistas- se juntó con el vocero patronal Carlos Lavarello, reuniones en las que a pedido de la SRMF estuvo presente un representante del prefecto. Sin embargo no se llegó a un arreglo, ya que demandas obreras centrales como el trato a bordo y la manutención, a la que las tripulaciones consideraban mala y exigua, eran desestimadas por los representantes patronales. Si bien la demanda por una jornada de ocho horas, para “participar de los placeres de la familia y la vida” y tener “un poco de bienestar y libertad” era una demanda de larga data y de gran convocatoria, no estaba en el corazón de la protesta. En cambio, circunstancias como las ocurridas a bordo del vapor Júpiter, donde su capitán “trata de indios salvajes a los correntinos y paraguayos” y dice preferir “por incivilizados” a los europeos, que parecerían tener menos pretensiones, dejaban claramente planteado para los trabajadores en huelga que el maltrato y el abuso de poder por la jerarquía que regía su labor eran vitales.

La parcialización de la huelga cobraba cada vez más adeptos entre los huelguistas, aunque la multitudinaria asamblea del 10 de enero, cuya realización había sido impedida por la policía el día anterior, ratificó la huelga general y reimpulsó el desembarco forzoso de tripulaciones no adheridas a la protesta. Al finalizar la reunión, aproximadamente 400 de los 2000 presentes se dirigieron a los muelles a cumplir con tal mandato. Fueron desembarcados entones las tripulaciones de los vapores Vulcano y Quebracho Argentino. En este último buque un disparo hacia la cabina del capitán propició el despliegue represivo de la policía y la subprefectura.

Los huelguistas se reagruparon en torno al vapor Indio, donde su capitán había amenazado con arrojar al agua al huelguista que osara subir a bordo. Los que lo hicieron, “destrozaron por completo el salón y las cabinas, rompieron persianas, vidrios, mesas y espejos”, y no lograron tirar al agua al capitán porque este se encerró en su camarote hasta mucho después de que se hayan retirado. El escenario se repitió en la Dársena Sur, donde estaban fondeados buques tripulados por trabajadores no adheridos a la huelga. Tal reacción intentaba paliar la creciente desmoralización producto de la prolongación del conflicto, la falta de medios de subsistencia y la instigación patronal de tripular furtivamente algunas embarcaciones.

De la acción en Dársena Sur “resultaron heridos los huelguistas Miguel Miranda, argentino 24 años soltero, Vicente Canals, español, llevados ambos al hospital barrial de La Boca”, y muertos un miembro de prefectura y dos rompehuelgas. La policía detuvo también a dos marineros, Aguirre y Aragón, con contusiones por padreadas y golpes, que estaban embarcados en buques no adheridos a la huelga. La policía marítima entonces ocupó las calles del puerto y sus alrededores, y encarceló a más de 300 trabajadores, quienes intentaban reunirse en el Teatro Iris o en el local de la Sociedad, ubicados en la misma cuadra.
Entre el despliegue policial, las asambleas y recorridas la huelga se prolongó por dos semanas, debilitada por la represión antes mencionada. Apresados los más activos militantes gremiales, éstos solicitaron se les permitiera al gremio en pleno realizar una asamblea al día siguiente en el teatro Iris, para considerar un acuerdo. Tras obtener permiso, los trabajadores en asamblea votaron la vuelta al trabajo, aceptando el aumento salarial propuesto y las promesas de mejor trato y alimentación. Era evidente que la huelga finalizaba bajo el signo de la persecución policial, pero sus resultados y consecuencias fueron más lejos. La nueva experiencia de marineros y foguistas de ambas Sociedades, de acción unitaria y solidaria, y su debilidad frente a la poderosa patronal y la acción de las dependencias estatales fue procesada en clave institucional.

Liga Obrera Naval Argentina (1907)

Una nueva organización obrera se formaría al día siguiente. En la misma asamblea de la mañana del 11 de enero los trabajadores votaron levantar la huelga, así como la formación de un Comité de Relaciones que, integrado por dos delegados de cada sección (marineros, foguistas cocineros y anexos), trataría temas comunes generales y encaminaría la tarea de una nueva organización conjunta. Allí mismo se resolvió la constitución del nuevo gremio que incluiría a todos los tripulantes: la Liga Obrera Naval Argentina (LONA).

Los más de mil quinientos trabajadores que colmaban el teatro Iris aprobaron la reunificación de las sociedades en un único y nuevo sindicato. Las comisiones de ambas sociedades renunciaron a sus puestos y allí mismo se conformó y aprobó una nueva comisión, que incluyó por votación mayoritaria a muchos de los militantes y dirigentes de la huelga.

El balance de la acción conjunta desarrollada en aquel fin de año de 1906 plantó un resultado ambiguo. Si por un lado se obtuvo un mejor salario, la situación en la que quedaron los trabajadores tras el conflicto mostraba una difícil correlación de fuerzas. Habían ganado con su acción, pero ésta los había debilitado. Por otro lado, la reorganización gremial era sin duda un dato altamente positivo en términos gremiales. Ésta constituyó un nuevo viraje en el proceso de desarrollo de la organización sindical marítima, un punto de inflexión. La recomposición gremial conjunta y colectiva de marineros y foguistas también incluyó en el seno de la Liga a contramaestres, faroleros, patrones de lanchas y de remolcadores, caldereros, guincheros y otros trabajadores de a bordo.

20 de Noviembre: 70 aniversario del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos

Fuente: Laura Caruso. “Repensar la organización obrera desde la experiencia gremial a bordo: las Sociedades de Resistencia de Marineros y Foguistas en Buenos Aires (1895-1907)”.

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