Volver al ideario de Manuel Belgrano

La gran mayoría asocia a Manuel Belgrano con la creación de la bandera y no mucho más. También durante décadas se insistió en realzar su condición de militar, cuando en realidad fue abogado de profesión. No por nada, nunca se enfatiza en las aulas su pensamiento económico. En 1802, cuando todavía faltaban ocho años para la Revolución de Mayo y ni siquiera se habían producido las invasiones inglesas, escribió: “todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus Estados a manufacturarse. Y todo su empeño es conseguir no darles nuevas formas, sino aun atraer las materias primas del extranjero para elaborarlas y después venderlas”.

Evidentemente, la actual conducción económica de la Argentina, no leyó a Belgrano. Inclusive, no faltan quienes afirman que “el creador de la bandera” fue el primer economista que tuvo el país. Abundan sus escritos en torno a la necesidad de explotar racionalmente la tierra y sus frutos, porque del proceso resultaría la independencia económica de los pueblos.

Por otro lado, es a Mariano Moreno a quien se recuerda cuando se cumple el aniversario de la primera edición de “La Gaceta” pero Belgrano también escribía en sus páginas.

El 1º de septiembre de 1813, decía el héroe de los muchos nombres: “se han elevado entre los hombres dos clases muy distintas: la una dispone de los frutos de la tierra, la otra es llamada solamente a ayudar por su trabajo a la reproducción anual de estos frutos y riquezas o a desplegar su industria para ofrecer a los propietarios comodidades y objetos de lujo en cambio de lo que les sobra. El imperio de la propiedad es el que reduce a la mayor parte de los hombres a lo más estrechamente necesario”. Varios columnistas televisivos, tan mediáticos como superficiales, no dudarían en calificar de marxista al vencedor de Tucumán y Salta.

Tan extremo era su pensamiento, que hasta se refirió a la necesidad de practicar una reforma agraria. “Es de necesidad poner los medios para que puedan entrar al orden de sociedad, los que ahora casi se avergüenzan de presentarse a sus conciudadanos por su desnudez y miseria. Esto lo hemos de conseguir si se les dan propiedades, se podría obligar a la venta de los terrenos que no se cultivan”. Don Manuel José del Corazón de Jesús ya pensaba que había que facilitar el acceso de los campesinos a la tierra, más de un siglo antes que Emiliano Zapata.

Durante el breve lapso en que formó parte del gobierno, Belgrano también se anticipó a ELMA, la empresa naviera argentina que el todavía senador por La Rioja se encargó de deshacer y nadie después se dignó reconstruir. En efecto, el prócer impulsó la creación de la Escuela Náutica, con la mente puesta en la creación de una marina mercante, que contribuyera a independizarnos de los barcos españoles y de otras potencias extranjeras. Sabía que sin independencia económica, la libertad civil no sería posible.

En el ideario de Belgrano, las alpargatas ocuparon un lugar preponderante, pero los libros también. Consideró en sus “Escritos económicos” que “los niños miran con fastidio las escuelas, es verdad, pero es porque en ellas no se varía jamás su ocupación. No se trata de otra cosa que de enseñarles a leer y escribir, pero con un tesón de seis o siete horas al día, que hace a los niños detestable la memoria de la escuela. A no ser alimentados por la esperanza del domingo, se les haría mucho más aborrecible este funesto teatro de la opresión de su espíritu inquieto y siempre amigo de la verdad. ¡Triste y lamentable estado el de nuestra pasada y presente educación!”.

Porque era un hombre muy culto, quería que sus compatriotas también lo fueran. Sabía que para caminar hacia el progreso moral y material que deparaba el futuro, resultaba indispensable difundir los beneficios de la educación porque ésta era el verdadero fundamento de la felicidad pública. A Ricardo Rojas se lo conoce más por la apología de San Martín que escribió bajo el título “El Santo de la Espada”, pero sobre Belgrano, pensaba el escritor: “demoledores nos sobraron. Fue arquitectos de la nueva morada lo que nos faltó. Con diez hombres como Belgrano, la democracia argentina aparecería en su génesis menos envuelta en sombras de caos y sangre de tragedias”.

Las revistas escolares se cansaron de contarnos que murió pobre y prácticamente olvidado. Pero no nos dijeron que sus orígenes familiares fueron patricios y que a raíz de esa posición pudo estudiar en Salamanca y Valladolid. A su fortuna la invirtió en financiar la gesta de la Independencia. Y cuando tuvo algo de poder, no lo usó para facilitar los negocios de su círculo íntimo.

Fuente: Editorial “El Cordillerano”, 16/04/19

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