Los Cóndores: el comando peronista que reafirmo la soberania en las Islas Malvinas

El Comando Cóndor en Puerto Stanley, rebautizado Puerto Rivero. De fondo el avión secuestrado de Aerolineas Argentinas

El miercoles 28 de septiembre de 1966, 18 jóvenes peronitas, secuestraron un avión de línea y desembarcaron sorpresivamente en las Islas Malvinas, izaron siete banderas argentinas y reafirmaron la soberania nacional sobre las islas. Lo hicieron en tiempos en que gobernaba el general Juan Carlos Onganía, quien se deshacía en atenciones hacia el Duque de Edimburgo, de visita en el país. El objetivo de la misión era la de hacer visible la causa Malvinas.

Hacía tres meses que el general Juan Carlos Onganía estaba en el poder en nombre de una autodenominada “revolución argentina”. Noventa días antes, un pelotón de la Guardia de Infantería de la Policía Federal había desalojado de la Casa Rosada al presidente Arturo Umberto Íllia, de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), quien había llegado al gobierno con poco más del 20 por ciento de los votos y con el peronismo proscrito.

15 de los 18 Cóndores que desembarcaron en las Islas Malvinas

Esa mañana del 28 de septiembre, el general Onganía ignoraba lo que estaba sucediendo en el archipiélago sur. Una de sus mayores preocupaciones era la preparación del partido de polo que jugaría con Felipe de Edimburgo, el príncipe consorte inglés, quien se hallaba de visita en Buenos Aires.

Operativo Condor

En la madrugada del 28 de septiembre, el grupo de 18 jovenes peronistas pertenecientes al Movimiento Nueva Argentina, embarcó en el vuelo 648 de Aerolíneas Argentinas, que cubriría el trayecto Aeroparque-Río Gallegos.

Dardo Cabo, alias Lito, un joven alto y delgado de 25 años, periodista y afiliado a la Unión Obrera Metalúrgica, era el jefe del comando. Lo secundaba Alejandro Giovenco, de 21 años, de baja estatura pero fornido, apodado El Chicato a causa del grueso aumento de sus lentes.

A las 6.22 cuando sobrevolaba sobre San Julian, Cabo y Giovenco entraron en la cabina del piloto y exhibiendo pistolas le ordenaron al comandante del Douglas DC-4, Ernesto Fernández García, que cambiara el derrotero. “Ponga rumbo uno-cero-cinco”, dijo Cabo. El comandante, cumplió la orden y enfiló la nave, con 35 pasajeros a bordo, rumbo a las Malvinas.

Luego de aterrizar los comandos emitieron un mensaje por la radio del avión anunciando que la operación estaba cumplida y que los tripulantes y pasajeros se hallaban sin novedad, en Puerto Rivero, Islas Mavinas.

El mensaje fue retransmitido por el radioaficionado Anthony Hardy que fue el primero en divulgar una noticia que conmovió a millones de argentinos: un avión Douglas DC-4 había descendido a las 8:42 en la embarrada pista de carreras cuadreras, de 800 metros. Su emisión se captó en Trelew, Punta Arenas y Río Gallegos a las 9.57. Y de esas ciudades se retransmitió a Buenos Aires.

El primero en descender fue Andrés Castillo. Luego, el comando tomó de rehenes al jefe de policía local y al jefe de la guarnición (marines) y a algunos kelpers, vecinos que se habían acercado, entre curiosos y atónitos, preguntándose qué hacía un avión de Aerolíneas Argentinas en un páramo donde rara vez pasaba algo.

El grupo enarboló siete banderas argentinas. Se bautizó el improvisado aeropuerto con el nombre de Antonio Rivero -el gaucho que protagonizara un alzamiento en el archipiélago cuando los ingleses lo tomaron en 1833- y se cantó la Marcha de San Lorenzo, Aurora y el Himno Nacional.

Una de las siete banderas Argentinas izadas en las Islas Malvinas

Los integrantes tenían órdenes específicas. Unos irían a la casa del gobernador, Cosmo Dugal Haskard, quien hacía dos años que estaba en el cargo y no se encontraba en las islas; otros al cuartel militar, ocupado por no más de 50 soldados; y un tercer grupo a la oficina legislativa.

La fuerza militar del Reino Unido, estaba constituida por mercenarios belgas que combatieron en el ex Congo en los primeros años de la década del 60. También había una Fuerza de Defensores Voluntarios. Seis ex comandos ingleses que participaron de la Segunda Guerra Mundial entrenaban una o dos veces por año a los voluntarios. En el arsenal local, cada uno de los milicianos poseía su fusil, la provisión de municiones y el equipo militar; algunos guardaban el arma en la propia casa.

El objetivo no se pudo cumplir porque el avión, de 35 mil kilos, se enterró en la pista de carreras y quedó muy alejado de la casa de sir Cosmo Haskard. La nave, además, fue rodeada por varias camionetas y más de cien isleños, entre soldados, milicianos de la Fuerza de Defensa y nativos armados.

Entre los pasajeros estaba el gobernador del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, contraalmirante José María Guzmán, los cóndores le pidieron al contralmirante Guzmán que, en su carácter de Gobernador, tomara posesión del territorio, a lo cual el marino se negó. Esta actitud del gobernador fue severamente criticada por Arturo Jauretche y otros escritores nacionalistas. Entre otros de los pasajeros se encontraba, el periodista Héctor Ricardo García, director del diario Crónica. Su presencia no era casual. Habia sido contactado por Dardo Cabo.

Al día siguiente, se ofreció como mediador el cura católico, de origen holandés, Rodolfo Roel. El sacerdote quería que todo terminase pacíficamente. Los pasajeros fueron alojados en casas particulares, por gestión del padre Roel, y en la iglesia se llegó a un acuerdo. El grupo entregaria las armas al piloto del avión y se acordó que no se rendirían ante los ingleses.

Bajo una persistente lluvia y encandilados por potentes reflectores, al anochecer, Dardo Cabo le solicitó al padre Roel que celebrara una misa en la nave y después los 18 jóvenes cantaron el Himno Nacional. Al día siguiente, luego de formarse frente a un mástil con una bandera argentina y entonar nuevamente el himno, el grupo entregó las armas al comandante del avion argentino Fernández García, única autoridad que reconocieron. Los muchachos fueron detenidos bajo una fuerte custodia inglesa durante 48 horas en la parroquia católica.

Habían transcurrido 133 años desde la última presencia oficial argentina en las Islas Malvinas.

Técnicamente no hubo rendición: los comandos argentinos conservaron las banderas.

En la tarde del 1° de octubre, los 18 comandos, la tripulación del avión y los pasajeros, fueron embarcados desde una lancha carbonera, hasta el buque “Bahía Buen Suceso”. En 1982, el buque volvería a esas aguas como barco logístico durante la guerra de Malvinas y terminaría en el fondo de las heladas aguas cuando los ingleses lo hundieron una vez terminada la lucha armada.

El día 3 de octubre arribaron a Ushuaia, los jóvenes peronistas fueron detenidos en las jefaturas de la Policía Federal de Ushuaia y Río Grande, en el territorio nacional de Tierra del Fuego. Interrogados por un juez, se limitaron a responder: “Fui a Malvinas a reafirmar nuestra soberanía”.

El 22 de noviembre de 1966, los integrantes del comando fueron enjuiciados en Bahía Blanca. Como el secuestro de aviones aún no estaba penalizado en Argentina, los cargos de la fiscalía fueron “privación de la libertad”, “tenencia de armas de guerra”, “delitos que comprometen la paz y la dignidad de la Nación”, “asociación ilícita”, “intimidación pública”, “robo calificado en despoblado” y “piratería”.

En la sentencia se estableció que las banderas “que flamearon en la tierra irredenta no pueden ser consideradas instrumentos de delito”.

Andres Castillo y Dardo Cabo del Movimiento Nueva Argentina

Quince de ellos fueron dejados en libertad luego de nueve meses de prisión. Dardo Cabo, Alejandro Giovenco y Juan Carlos Rodríguez, considerados cabecillas, permanecieron tres años en prisión debido a sus antecedentes político-policiales como militantes peronistas.

Lo más importante de todos los episodios del “Operativo Cóndor” es que los integrantes del Comando fueron devueltos a la Argentina sin ser juzgados en el territorio insular por las autoridades inglesas, y fueron entregados a la justicia argentina para su juzgamiento. La actitud del gobierno insular británico de permitir que los integrantes del comando sean juzgados por las autoridades de Argentina, implica un “reconocimiento” de quien tiene la potestad represiva en el territorio de Malvinas. Reconociendo la jurisdicción de los tribunales argentinos.

El otro objetivo planteado por el comando peronista, la repercusión de los hechos fue ampliamente exitosa, la causa Malvinas fue noticia destacada por aquellos dias, no solo en Argentina sino tambien en medios periodisticos de todo el mundo.

Mientras la dictadura militar del general Onganía calificaba al grupo de jóvenes patriotas, como “piratas” y “facciosos”.

La CGT y las 62 Organizaciones emitieron comunicados respaldando la acción de los comandos considerándolos héroes y se produjeron manifestaciones de festejo en todo el país. La tapa del diario Crónica del 29 de setiembre fue “Jubilo Popular”.

Carta desde Madrid de Juan Domingo Perón a uno de los cóndores Ricardo Alfredo Ahe

En la capital en la esquina Florida y Corrientes se quemaron banderas británicas, y se produjo una concentración en plaza San Martín frente a la cancillería donde se gritaron consignas nacionalistas. Mientras que Jorge Money, Miguel Angel Castrofini y un tercero más, a bordo de un destartalado Citroën, ametrallaron la sede del consulado inglés. En Rosario una multitud asaltó el consulado inglés, arrancó la bandera británica y destruyó los retratos de la Reina, del Príncipe Consorte y de Winston Churchil.

Los “cóndores”

Estas fueron las 18 personas que formaron parte del “Operativo Cóndor”, con sus edades y ocupaciones al momento del hecho:

Dardo Manuel Cabo, 25 años, periodista y metalúrgico; Alejandro Armando Giovenco, 21, estudiante; Juan Carlos Rodríguez, 31, empleado; Pedro Tursi, 29, empleado; Aldo Omar Ramírez, 18, estudiante; Edgardo Jesús Salcedo, 24, estudiante; Ramón Adolfo Sánchez; María Cristina Verrier, 27, periodista y autora teatral; Edelmiro Ramón Navarro, 27, empleado; Andrés Ramón Castillo, 23, empleado; Juan Carlos Bovo, 21, obrero metalúrgico; Víctor Chazarreta, 32, metalúrgico; Pedro Bernardini, 28, metalúrgico; Fernando José Aguirre, 20, empleado; Fernando Lizardo, 20, empleado; Luis Francisco Caprara, 20, estudiante de ingeniería; Ricardo Alfredo Ahe, 20 estudiante y empleado y Norberto Eduardo Karasiewicz, 20, obrero metalúrgico.

La edad promedio del grupo era de 22 años, todos eran peronistas, militantes del Movimiento Nueva Argentina.

Dardo Cabo y María Cristina Verrier

Debido a diferencias internas, el “Comando Cóndor” se disolvió en la prisión de Tierra del Fuego, y a partir de allí sus integrantes tomaron disímiles caminos, unos se integraron a las organizaciones revolucionarias peronistas, otros a los grupos de la derecha peronista e incluso alguno al ERP.

El jefe del operativo Dardo Cabo, estando en prisión contrajo matrimonio con María Cristina Verrier; luego de cumplir con la prisión se integraría a Descamisados, que luego se fusionaría con Montoneros, estando detenido en la Unidad 9 el 6 de enero de 1977 se le aplicó la “ley de fugas” junto a otros compañeros en las inmediaciones de la ciudad de Brandsen.

Alejandro Giovenco se acercó a la CNU (Concentración Nacional Universitaria), grupo ligado a la Triple A, y en febrero de 1974 murió en la esquina de Sarmiento y Uruguay, en pleno centro de Buenos Aires, al estallarle una granada que transportaba.

Miguel Angel Castrofini fue ultimado por un comando del ERP-22 de Agosto. Jorge Money y Rodríguez fueron asesinados por la Triple A, Rodríguez, guardaespaldas de Lorenzo Miguel fue asesinado por la CNU y la banda de Aníbal Gordon en la parrilla “Mi Estancia” de Florencio Varela.

Pedro Cursi y Edgardo Jesús Salcedo fueron secuestrados y desaparecidos por la dictadura. Andrés Castillo estuvo secuestrado en la ESMA.

Solo sobreviven nueve integrantes del comando.

El destino de las siete banderas que flamearon en las Islas Malvinas.

En 2012, María Cristina Verrier, tercera al mando en el Operativo Cóndor, entregó a la entonces presidenta Cristina Fernandez de Kirchner las siete banderas argentinas que flamearon durante 36 horas en las Islas Malvinas. Por decisión de la presidenta, se le dieron distintos destinos: la iglesia de Itatí y la basilica de Luján, el Mausoleo Nestor Kirchner, el Museo de Malvinas, el Museo del Bicentenario, el patio Malvinas Argentinas de la Casa Rosada y el Congreso Nacional.

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