Bombardeo al puerto de Mar del Plata

El 19 de Septiembre de 1955 sucedió uno de los episodios más traumáticos y menos contados de la historia argentina: el bombardeo sobre el puerto de Mar del Plata, y las destilerías de La Plata y Dock Sud para derrocar al gobierno de Juan Domingo Perón.

Los tanques de combustible del puerto a poco de ser cañoneados al amanecer del 19 de septiembre de 1955 desde un buque de la Armada.

Al amanecer del 19 de septiembre de 1955, la Marina de Guerra bombardeó dos objetivos de la costa: la Escuela de Artillería (actual AADA 601) y los tanques de combustible de YPF ubicados en el puerto, sin que se conozcan hasta el presente la cantidad de víctimas que allí se produjeron.

Esta criminal acción llevada a cabo por la Marina de Guerra, apoyada por las embajadas de Inglaterra, Estados Unidos, la Iglesia Católica y la “Unión Democrática” (conformada por la UCR, y los Partidos Comunista, Socialista y Demócrata Cristiano), fue el corolario del golpe militar que se había reiniciado en Córdoba tres días antes bajo el eufemismo “Revolución Libertadora”, comandado por los generales Eduardo Lonardi, Pedro Eugenio Aramburu y el contralmirante Isaac Francisco Rojas, tras los bombardeos a la Plaza de Mayo del 16 de junio de ese mismo año por parte de la Aviación Naval, que dejaron casi 400 muertos, entre ellos unos 40 chicos de una escuela primaria.

El ataque comenzó cerca las 6.40 de una jornada gris cuando un avión naval hizo un fallido intento de destruir los tanques de combustible. Luego, el crucero “9 de Julio” tomó posición a 8500 metros de la costa y durante diez minutos cañoneó el objetivo, destruyendo nueve de los once tanques.

Minutos antes del mediodía, los destructores San Juan, San Luis y Entre Ríos cañonearon durante doce minutos la “Escuela de Artillería Antiaérea” (hoy AADA 601), unidad leal a Perón que había sido evacuada ante la inminencia del ataque, que destruyó la antena del radar y el tanque de agua.

Las fuerzas navales también dispararon contra tropas del Ejército que se habían apostado con piezas de artillería en la zona del Golf Club y que huyeron en forma precipitada.

Las crónicas de la época también ofrecen referencias sobre grupos de civiles armados que se apostaron en la escollera norte con el propósito de evitar el desembarco de los marinos, produciéndose un enfrentamiento que terminó con la retirada de los partidarios de Perón.

Sorpresa y horror

¿Estaba alertada la población marplatense?. La mayoría de los testimonios oídos a lo largo de los años nos hablan de sorpresa y de horror.

La historia oficial indica que el domingo 18 de septiembre el jefe de la Base Naval recibió un mensaje del “Comando Revolucionario”, ordenándole “informar a la población por todos los medios que a partir del amanecer serán bombardeadas las posiciones que se oponen al movimiento, además de la Escuela Antiaérea y los tanques de petróleo del puerto”. Se requería, además, la evacuación de toda la costa “desde Playa Grande hasta la Bristol en una profundidad mínima de cinco cuadras y las proximidades de los otros objetivos”.

En una crónica publicada el 20 de septiembre se lee que los bombardeos “confirmaron lo que venían anticipando algunas emisoras uruguayas”, de donde se deduce que a nivel local no hubo información.

Sí hay registros del intenso movimiento que en la mañana del 19 de septiembre realizaron efectivos policiales en todo el sector costero, golpeando puerta por puerta para pedir la evacuación de los hogares.

Un despertar aterrador

Pero muchos se enteraron al despertar con el ruido aterrador de las bombas. En la población portuaria recayó la mayor cuota de horror, no sólo por los estruendos cercanos ni por la negra columna de humo que se alzó desde los tanques en ignición. Se sumó que algunas bombas cayeron sobre viviendas y comercios de ese populoso barrio. La crónica periodística del día siguiente da cuenta de varias personas heridas.

No debe olvidarse que sólo tres meses antes la aviación naval había bombardeado y ametrallado Plaza de Mayo, con cruento saldo en la población civil. El temor de una nueva masacre no era infundado y cundió en la población marplatense, al tiempo que se propalaron rumores sobre posibles bombardeos en otros puntos de la ciudad, como la Estación de Ferrocarril.

Ello motivó que miles de marplatenses se alejaran de sus casas en busca de lugares que consideraban seguros, utilizando para ello los más diversos medios de locomoción o simplemente a pie, llevándose los enseres que pudieron.

Horas más tarde de ese mismo día, buques de la Armada Argentina bombardearon, apostados en el Río de la Plata, las destilerías de La Plata y de Dock Sud, produciendo incalculables destrozos y un número tampoco conocido de trabajadores muertos.

La población de Ensenada tuvo que ser evacuada en masa; Berisso también estaba amenazada, y los habitantes de La Plata se preguntaban si la onda expansiva también azotaría la ciudad.

Recorte del diario El Día de La Plata, del 19 de septiembre de 1955, dónde se ven los destrozos provocados por los bombardeos en el barrio Campamento de Ensenada, y un retrato del presidente Perón entre los escombros

Estas acciones, poco conocidas y “debidamente” tapadas por la “Historia Oficial” contemporánea, precipitaron la caída de Juan Perón, quien ante la posibilidad de contraatacar a las huestes criminales con sectores leales del Ejército, la Fuerza Aérea y milicias populares, prefirió optar por el tiempo antes que por la sangre, evitando el derramamiento de cientos de miles de vidas argentinas, que lo llevó a emprender un exilio que duró casi 18 años.

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