24 de Marzo: a 40 años del Golpe genocida civico militar

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RESISTENCIA OBRERA A LA DICTADURA MILITAR
Desarticular la organización y las conquistas de la clase trabajadora argentina fue un objetivo estratégico y central de la última dictadura militar argentina. Para ello contó con la complicidad de grandes grupos empresarios que se involucraron de manera directa en la represión y persecución de activistas y delegados y en algunos casos las fábricas funcionaron como centros clandestinos de detención. En estos objetivos, más que en la proclamada lucha contra las organizaciones armadas, la dictadura puso el peso principal de la represión. Sin embargo, a pesar del enorme daño sufrido, de la pérdida sin precedentes de vidas, de los derechos arrancados y del aislamiento; los trabajadores llevaron adelante una resistencia progresiva e ininterrumpida, que se materializó en un increscendo que va desde el trabajo a desgano en los primeros meses dictatoriales hasta alcanzar a partir de 1979 niveles de organización y lucha sumamente complejos. El camino de la organización sindical fue creciendo desde los bordes aislados de los trabajadores en sus lugares cotidianos a un movimiento concéntrico de reencuentro de las distintas ramas y geografías. El gobierno detectó el peligro y realizó un trabajo de seducción sobre algunos dirigentes gremiales a los que logró cooptar como aliados. Simultáneamente la llamada comisión de los 25 nuclea a los sindicatos que expresan el descontento y la rebeldía que irradia desde las bases obreras. En un primer momento fundamentan su accionar en reclamos meramente laborales pero la dinámica de los hechos los lleva a cuestionar directamente a la dictadura en su conjunto. El año 1979 marca el inicio de una nueva etapa al lograrse la madurez necesaria para llevar a cabo la primera huelga general. Desde ese momento la conflictividad laboral logra encauzarse por carriles más sólidos, los dirigentes muestran representatividad y audacia al crear la CGT Brasil en abierto desafío a las normativas vigentes y al clima de terror omnipresente. El 30 de marzo de 1982 este proceso lento e irreversible alcanza su climax cuando se decide un paro general y movilización a Plaza de Mayo potenciado por ostensible y activo apoyo del resto de la sociedad. A partir de ese momento la dictadura intenta esquivar su evidente declive con la invasión a las Islas Malvinas. La aventura termina catastróficamente y sella el final estrepitoso del proceso iniciado en 1976. Huelgas, movilizaciones, tomas de fábrica y reconstrucción de las instituciones sindicales encuentran en su efervescencia a la clase trabajadora luchando palmo a palmo con sectores de clase media y el amplio marco de las organizaciones políticas y de derechos humanos una fuerza popular que sirvió de escenografía para el espectáculo del fin de la dictadura. Vendrán los tiempos de la democracia y de la reconstrucción. En el análisis y balance de siete años de terrorismo de Estado, en la búsqueda de sus causas será necesario considerar que los trabajadores constituyen el 60% de los desaparecidos y el sector social que más fue castigado como colectivo.

La historia de la última dictadura militar argentina ha sido contada, discutida y revisada de múltiples maneras en los últimos años. Mucho énfasis se ha puesto en el tema de la violación de los DDHH y la persecución a los militantes políticos en sus diversas manifestaciones. Sin embargo un aspecto muy puntual y central para entender la lógica del terrorismo de estado instalado con el golpe de 1976 es el accionar con respecto a los trabajadores. Más allá de lo que declaran los protagonistas históricos; la consabida lucha contra la subversión funcionó más como una excusa legitimadora que como una realidad que sustentó la instalación de la dictadura. Lo que se buscó fue un cambio histórico más profundo: liquidar el cúmulo de conquistas laborales que distinguían a la Argentina del resto de los países latinoamericanos y dificultaban el establecimiento de pautas salariales y condiciones laborales acordes con las ambiciones del proyecto neoliberal en ciernes.

Para marzo de 1976 las organizaciones armadas estaban prácticamente aniquiladas. De hecho la modalidad represiva de búsqueda y secuestro en la vía pública o en las casas particulares de las víctimas dan cuenta de una cacería de militantes más que de guerra o una confrontación con organizaciones con poder de fuego. Los llamados sindicalistas combativos como Agustín Tosco o Raimundo Ongaro ya no estaban al frente de sus sindicatos. Habían pasado a la clandestinidad o estaban detenidos. Ningún peligro inminente de crecimiento de la izquierda existía como posibilidad política concreta. Por lo tanto la pregunta que se impone es ¿Entonces por qué el golpe y la sanguinaria represión?

La hipótesis apunta a considerar el proceso liderado por Videla y Martínez de Hoz como un plan elaborado y racional de quebrar la resistencia del movimiento obrero organizado. La participación de los trabajadores en las ganancias estaba en su pico más alto histórico alrededor del 50%, las condiciones laborales obtenidas en convenios colectivos mirados desde hoy parecen un cuento utópico, la participación de los delegados de base en las negociaciones en cada fábrica y lugar de trabajo constituían un poder paralelo insoportable para los empresarios. El nivel de sindicalización de los trabajadores argentinos era uno de los más altos del mundo y sin duda el más extendido de Latinoamérica. Este conjunto de conquistas sociales es el que se pretendió desarticular. En junio de 1981 tras cinco años de dictadura, datos oficiales reconocían que el salario industrial había caído un 60 % comparado con 1975 el año previo al golpe. Por otro lado el 60% de los desaparecidos eran trabajadores.

MILITARES Y EMPRESARIOS
Resulta muy ilustrativo para entender el accionar de la dictadura repasar la complicidad entre los militares y los grandes empresarios, se puede ver claramente en algunos ejemplos muy característicos el modo de trabajo conjunto. Como por ejemplo: Astarsa, Dálmine Siderca, Ledesma, Mercedes Benz, Ford, entre muchas mas.

¿Cuáles fueron los motivos por los que estas empresas se involucraron, hasta el extremo de volverse co-responsables, en la política represiva? Un primer objetivo tiene que ver con la transformación de las condiciones de trabajo, sociabilidad y organización en el ámbito de la fábrica. La represión, además de incluir los asesinatos, las desapariciones y las torturas de un grupo de trabajadores, implicó para la totalidad de los obreros una ruptura de los lazos afectivos y de solidaridad que habían constituido el punto de partida para la militancia sindical. Esto fue reemplazado, desde mediados de los años ´70, por un aislamiento total entre los trabajadores y una prohibición de toda actividad colectiva. Cabe destacar que aún en un contexto de aislamiento y represión, que en muchos casos implicó constante presencia militar dentro de la fábrica, muchos trabajadores continuaron organizándose aunque varios de estos obreros pagaron esta “osadía” con su vida.

LA RESISTENCIA
Sin embargo, a pesar de los horrores y en medio de circunstancias represivas tan agudas, los trabajadores resistieron. Está claro que prácticamente la totalidad de los conflictos sindicales que existieron durante este período no tuvieron como objetivo ampliar el horizonte de conquistas laborales sino conservar las ya existentes. Por ello es que caracterizarlas como resistencia es lo más apropiado. A lo largo de toda la dictadura podemos distinguir claramente dos etapas de luchas: la primera es la que va desde el mismo momento del golpe el 24 de marzo de 1976 hasta la huelga general de 1979. La segunda hasta la movilización del 30 de marzo de 1982 y el inicio de la Guerra de Malvinas, a partir de la cual el régimen dictatorial se diluye entre el oprobio de la derrota y el auge de las luchas populares.

El gobierno militar en una de sus primeras medidas anuló las comisiones paritarias lo que tuvo como primera consecuencia que los conflictos al no poder expresarse por las vías naturales se concentraron en los lugares de trabajo. Por lo tanto las luchas se atomizan. Durante un largo tiempo se creyó que en los primeros años de dictadura la resistencia de los trabajadores había desaparecido. Sin embargo algunas investigaciones más recientes han demostrado que los trabajadores recurrieron a métodos de lucha no convencionales. En lo que se refiere a cantidad de conflictos laborales, los datos agregados disponibles, provenientes del procesamiento de la información de prensa de la época confirman la impresión del incremento progresivo de las protestas obreras, con la excepción del año 1978 en el que se realizó en Argentina el mundial de fútbol, en el que se evidencia un retroceso en términos de la lucha sindical: mientras en 1976 se habrían desarrollado 89 conflictos, en 1977 habrían sido 100, de los que se habrían bajado a 40 en 1978, para culminar, en 1979, con un pico de 188 conflictos. Del total de medidas de fuerza reflejadas en los medios de comunicación masiva del país, la mayor parte fueron, hasta 1979, paros y quites de colaboración, y tuvieron como principal demanda el aumento de los salarios.

LOS CONFLICTOS
Desde 1976 se produjeron conflictos significativos en grandes fábricas. Algunos ejemplos son los conflictos de IKA Renault de Córdoba en marzo, General Motors en el barrio de Barracas en abril, Mercedes Benz, Chrysler de Monte Chingolo y Avellaneda y Di Carlo en mayo. A partir de octubre de 1976 entraron en conflicto los trabajadores del gremio de Luz y Fuerza, que aglutinaba a trabajadores de las empresas SEGBA, Agua y Energía, DEBA y Compañía Italo Argentina de Electricidad. El conflicto se extendió a varias ciudades del país e involucró a centenares de afiliados. Durante 1976 se desarrollan una serie de conflictos en fábricas y sectores que contaban con una fuerte organización y experiencia de lucha previa acumulada. Metalúrgicos, portuarios, trabajadores de Luz y Fuerza y los de la industria automotriz llevaron adelante una serie de conflictos importantes. El mismo 24 de marzo se intensificó el trabajo a reglamento en la fábrica IKA Renault instalada en Córdoba, se bajaba paulatinamente la producción de automóviles como forma de protesta. El ejército acudió a la fábrica para intimidar a los trabajadores que lo enfrentaron resueltamente. Ese mismo día era secuestrado, y continúa hoy detenido desaparecido el dirigente de la Smata Córdoba, René Salamanca. En la General Motors de Barracas se genera un conflicto, la empresa echó a un grupo de huelguistas que son reincorporados tras la reacción de los trabajadores. Un caso emblemático ocurrió en Luz y Fuerza entre octubre de 1976 y marzo de 1977 se extendió un período de fuerte conflictividad en varias seccionales del país. En abril de 1976 había sido intervenido el gremio. Segba despidió a casi 300 trabajadores, entre ellos muchos delegados y el dirigente de la Capital Federal Oscar Smith. La Junta Militar aprobó una ley que derogaba muchos beneficios de los trabajadores de empresas del Estado. Se incrementaba de este modo la jornada laboral. En octubre comenzó una huelga de brazos caídos por despidos; hubo abandono de tareas, intentos de movilización y también apagones. En varios distritos interviene el ejército y se producen nuevas detenciones. En el sur del Gran Buenos Aires se realiza una intensa ola de sabotajes con apagones, sobrecarga de tensión y otros trastornos. Las fuerzas de seguridad se ven obligadas a intervenir en varias plantas para impedir que el personal interrumpa las tareas. El conflicto se extendió al interior del país: Córdoba, Tucumán, Catamarca y Salta y se prolongó durante varios meses. Durante el conflicto fueron secuestrados y torturados varios trabajadores, sin embargo el reclamo por la continuidad del régimen de trabajo continuaba.

Durante 1977 la herramienta predominante de lucha de los trabajadores sería el “trabajo a desgano”. En junio de 1977, más de 6000 trabajadores agrícolas se sumaron a medidas de obreros industriales en la zona de Rosario y San Lorenzo, mientras que en agosto los transportistas petroleros desarrollaron protestas contra las empresas Shell y Exxon. En octubre, los obreros de IKA Renault de Córdoba reclamaron un aumento salarial del cincuenta por ciento, y la intervención de las fuerzas armadas dejó el saldo de cuatro obreros muertos. También en octubre, los ferroviarios entraron en huelga, mientras que en noviembre se declaró una medida de fuerza en la planta de Alpargatas de Florencio Varela que se prolongó por días, y que fue seguida por un lockout patronal, despidos y represión contra varios de los trabajadores involucrados. Entre Mayo y Octubre de 1977 cayó todo el “Grupo SOMU”, 7 trabajadores de la empresa ELMA (Empresa Lineas Maritimas Argentinas) fueron secuestrados.

A partir del año 1979 se notó una aceleración en el proceso de acumulación de fuerzas del movimiento obrero. El “paro sorpresivo” cuyas características son: corta duración, y niveles de organización muy altos que permiten conseguir desde la base una gran efectividad. Ante el paro sorpresivo, la fuerza represora se siente impotente, los conflictos no le dan tiempo para actuar. Cuando se enteran del hecho, ya no hay margen de acción porque éste ha concluido. Además, los trabajadores se mantienen en sus lugares de trabajo, lo que les permite obrar con rapidez y aprovechar al máximo el factor sorpresa.

El mismo año se registró la primera toma de fábrica desde la instauración de la dictadura: la de la planta de aceros Ohler. Poco más tarde se produjo la toma de las también metalúrgicas IME y La Cantábrica. En un contexto de agitación creciente uno de los conflictos más resonantes fue el de Alpargatas: los 3.800 obreros de la planta de Barracas decretaron en asamblea en la puerta de la fábrica un paro por tiempo indeterminado, desoyendo las amenazas oficiales.

Pero junto al incremento de las luchas los trabajadores avanzaron en organización y desafiaron a la dictadura que intentó ganarse a un sector de dirigentes. Este accionar político generó una división interna entre el movimiento sindical. El primer sector, de tendencia “participacionista,” proporcionó el grupo de dirigentes obreros que concurrió a la conferencia de la Organización Internacional del Trabajo en mayo de 1976, a sólo dos meses del golpe militar.

Por otro lado, un segundo grupo, crecientemente “confrontacionista,” concretó en este primer período la creación de la Comisión Nacional de las 25 organizaciones (denominada “Comisión de los 25”), que propuso desconocer la presencia de los interventores militares o civiles en los gremios. En 1978, en un contexto de estabilización del plan económico y el auge de la propaganda dictatorial por el Campeonato Mundial de Fútbol, el gobierno militar logró acercamientos mayores con dirigentes “participacionistas,” que terminaron conformando la base principal de la Comisión Nacional de Trabajo (CNT). Por su parte, el ala “confrontacionista” fundó en junio de 1978 el Movimiento Sindical Peronista (MSP), que organizó la convocatoria al primer paro nacional, que se llevó a cabo en abril de 1979.

Los sindicatos de taxistas, obreros navales, camioneros, mineros, cerveceros, entre otros, se organizaron en lo que se dio en llamar La Comisión de los 25 que incluyó entre sus reivindicaciones la liberación de dirigentes y delegados presos, la restauración de la legislación laboral y sindical, al tiempo que luchaba contra la política económica de la dictadura y por el regreso de la democracia. La formación del grupo de los 25 es un momento muy importante en el proceso de lucha.

Las divergencias de las dos corrientes principales en términos de proyectos de vinculación del sindicalismo con el Estado se plasmaron aún más claramente cuando los sectores “confrontacionistas” decidieron reconstituir la CGT. Estas tentativas culminaron a fines de noviembre de 1980, cuando se constituyó, bajo el signo de la explícita hostilidad oficial, la CGT Brasil (denominada como la calle donde tenía su sede). En abierto desafío al decreto especial de la Junta Militar que declaraba a la CGT disuelta, y a la Ley 22.105, vigente desde noviembre de 1979, que vetaba la existencia de entidades sindicales de tercer grado. El 12 de diciembre el dirigente cervecero Saúl Ubaldini fue electo Secretario General.

El nuevo protagonismo de los sectores “confrontacionistas” del sindicalismo argentino quedó claro en la 67ª Asamblea de la OIT en Ginebra, en julio de 1981, Saúl Ubaldini comenzó su mensaje como cabeza de la delegación paralela: “la situación política, económica y social del país no puede ser más crítica. Han pasado más de cinco años desde el 24 de marzo de 1976 y nada ha cambiado en cuanto a las restricciones a la actividad gremial, pero todo ha empeorado en cuanto a las condiciones de vida de nuestro pueblo”.

En 1979 la Comisión de los 25 se había convertido claramente en el núcleo opositor y anunció el primer paro a nivel nacional desde el inicio de la dictadura. La huelga general se realizó días previos a la conmemoración del 1º de Mayo de 1979. Una vez anunciado el paro, fueron detenidos varios dirigentes, pero los sindicalistas de “los 25” ratificaron la decisión de parar. El acatamiento al paro fue muy desparejo dependiendo de las regiones y los lugares de trabajo. Según el Ministerio de Gobierno de la Provincia de Santa Fe, los datos del ausentismo fueron en los Talleres del Ferrocarril Mitre del 98%, en la Planta de Celulosa Argentina en Capitán Bermúdez del 98%, en Electroclor fue del 100%, y en empresas más chicas como Calzado Arroyito del 16%. Pero si tenemos en cuenta que ocurrió en medio de la dictadura más brutal que haya tenido la historia argentina es indudable que la convocatoria fue un éxito.

Esta huelga constituye un punto de inflexión en las luchas porque a partir de este momento los trabajadores logran salir del aislamiento que tenían entre sí, los conflictos empiezan a estructurarse por ramas de producción y se reinician las actividades sindicales de una manera más abierta y de cara a la sociedad en su conjunto.

Desde 1981 la resistencia obrera pasa a la ofensiva, el 22 de julio el paro general convocado por la CGT por la “plena vigencia del estado de derecho”, la recuperación del aparato productivo y de los niveles de los salarios” marcan claramente que las consignas se han politizado y que no sólo se lucha por aumentos de sueldos sino por el fin de la dictadura. Las protestas continuaron con la huelga general del 22 de julio de 1981 convocada por la CGT Brasil. Fueron reprimidas manifestaciones en Mendoza, San Miguel de Tucumán, Rosario, Córdoba y Avellaneda. Pero claramente el clima era de crecimiento de la protesta. El 7 de noviembre de 1981 una manifestación por las calles de Liniers convocada por la CGT y apoyada por la Iglesia Católica culminó con un acto de más de 20 mil personas frente a la Iglesia de San Cayetano, donde también hubo una gran represión con cientos de detenidos.

EL PARO DEL 30 DE MARZO DE 1982
El 30 de marzo de 1982, los trabajadores nucleados en la CGT Brasil convocaron a una jornada de protesta en todo el país, bajo las consignas “Paz, Pan y Trabajo”, “Abajo la dictadura militar”. En un desafío directo y frontal al gobierno. La posible movilización de amplios sectores de la población motivó que el Ministerio del Interior presionara para que la marcha no se hiciera. El día de la protesta, Buenos Aires amaneció con carros de asalto, carros hidrantes, la montada de la Policía Federal, militares en traje de fajina, armas largas y cortas, por todo el centro porteño. Desde horas tempranas los obreros y trabajadores de todas las especialidades se fueron agrupando para marchar hacia el centro. Los dirigentes llegaron abrazados por Av. de Mayo hasta la avenida 9 de julio y detrás, cientos de activistas. La marcha pretendía entregar un documento en Casa Rosada. Se cantaba “El Pueblo Unido jamás será vencido”, “Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar” y “Luche luche que se van”. Hubo al menos tres horas de violentos enfrentamientos entre los manifestantes, que intentaron llegar hasta la Plaza de Mayo, y centenares de policías. Se reprimió duramente a las concentraciones que se efectuaron en los alrededores de Tribunales y en el puerto; por primera vez, empleados y funcionarios de la zona céntrica de Buenos Aires arrojaron desde balcones y ventanas todo tipo de proyectiles contra los elementos de la represión.

Hubo gran cantidad de detenidos y la masividad alcanzada por la jornada sorprendió al Gobierno y consolidó el amplio espectro de la oposición que se había formado bajo la dictadura. Por la noche los noticieros informaron del asesinato en Mendoza, de José Benedicto Ortiz, trabajador y sindicalista textil. La jornada arrojó más de 2500 heridos y unos 4000 detenidos en todo el país.

Los diarios reflejaron en sus tapas los “importantes disturbios” y la sensación de que la estabilidad de la Junta Militar estaba seriamente amenazada. Sin embargo, tres días después, tropas argentinas tomaron las Islas Malvinas. Ante un clima social de descontento, entre otros factores de descomposición del régimen, la dictadura militar decidió lanzar una operación para intentar conservar el poder. Finalmente cuando se produjo la derrota en la guerra de Malvinas fue posible imaginar la retirada de los militares del poder. La lucha de muchos de los sindicatos junto a otros actores sociales como los organismos de derechos humanos se nucleó en torno a la recuperación de la democracia y en particular, la normalización de los sindicatos intervenidos.

El 22 de diciembre de 1982, 30.000 personas se movilizaron a Plaza de Mayo y entregaron un petitorio con demandas en Casa de Gobierno. La transición a la democracia ya era irreversible. Los trabajadores pagaron un alto precio en el camino.

Algunos Desaparecidos del SOMU:

Eustaquio Peralta
Desaparecido el 28 de diciembre de 1977, a los 57 años. Nació el 20 de septiembre de 1920 en Paraguay, vino a la argentina muy joven, donde contrajo trabajo como marinero y comienza a militar gremialmente en el SOMU.

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Eustaquio Peralta

En el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos fue elegido delegado, luego Secretario de Cubierta, llegando a ser Secretario General Adjunto del gremio.

Cuando asume el gobierno de facto, al poco tiempo intervienen los sindicatos, haciendose cargo del SOMU el Capitán de Fragata Hector Alfredo Robacio.
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El Interventor del SOMU da la orden a ELMA y al resto de las empresas navieras que estaban trabajando en la argentina de que no le den trabajo y es declarado persona no grata en el Puerto. Dada la necesidad de trabajar, para mantener a su familia, comete el error de escribirle una carta al Almirante Eduardo Emilio Massera para pedirle lo dejen trabajar en ELMA. La respuesta fue positiva dejándolo ingresar a trabajar en la Empresa en la lancha de carga Mineral, sin darse cuenta que estaría en territorio enemigo, sin embargo, al poco tiempo comienza a preparar un paro en el Puerto de Buenos Aires. Pero por culpa de los confidentes (infiltrados que se hacían pasar por obreros marítimos) que tenían los militares, se enteran de su maniobra y proceden a su captura y secuestro.

El 28 de diciembre de 1977 sale de su casa (en la calle Ministro Brin 500 edifico 12 piso 5 dto. 2 Catalinas sur del barrio de La Boca) para dirigirse a su trabajo, antes de llegar a su puesto de trabajo en la lancha de carga Mineral, la cual estaba amarrada en unas de las dársenas, es interceptado y capturado para luego ser secuestrado. Sin saber paradero alguno, pasando a ser un NN según todas las autoridades a quienes se pregunto.

Luego con el tiempo se vio su nombre en las listas del PLAN CONDOR.

Luis Raul Bonanno
Es desaparecido el 11 de octubre de 1977, “El Cholo”, nació en la ciudad de Pergamino, vivía en la calle Payró 3483 de Ituzaingó (en el viejo distrito de Morón), fue detenido por una patrulla de Grupo Albatros de la Prefectura Naval Argentina el 11 de octubre de 1977 en el trayecto entre Almirante Brown al 900 y Dársena Sur del Puerto de Buenos Aires, en La Boca, tenía entonces 52 años. Era Navegante de la Marina Mercante y trabajaba en la empresa estatal ELMA (Empresa Líneas Marítimas Argentinas), dirigente del Partido Comunista y del SOMU (Sindicato de Obreros Marítimos Unidos) donde era Prosecretario de Asistencia Social y militante de la Agrupacion Maritima 1° de Mayo del gremio. Estuvo detenido probablemente en la ESMA donde fue torturado segun testimonios.

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Luis Raul Bonnano

Jose Luis Faraldo
Fue secuestrado por la Prefectura Naval el día 6 de octubre de 1977, saliendo para su trabajo, en la empresa ELMA, en el barco “Río Teuco”. Estuvo secuestrado en la ESMA (Escuela de Mecanica de la Armada) hasta febrero de 1978, cuando fue trasladado con motivo de una visita programada de periodista a la ESMA, segun testimonios de sobrevivientes. Era miembro de la Comision Ejecutiva de la Seccion Camara del SOMU, tenía 55 años cuando lo desaparecieron. Seis compañeros suyos de la Empresa ELMA tambien fueron secuestrados por las fuerzas de seguridad.

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Jose Luis Faraldo

Carlos Alberto Saracho
Pro Secretario de la Seccion Cubierta del SOMU. Fue secuestrado el 16 de septiembre de 1977 de un galpón situado en Dock Sud, Avellaneda. De profesion Marinero, tenia 33 años y fue visto en el centro de detención clandestina “Sheraton”.

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Carlos Alberto Saracho

Figueroa Filiberto
Marino Mercante de la Empresa ELMA. Afiliado al SOMU. Fue desaparecido el 19 de agosto de 1977 en Capital Federal. Tenia 27 años y estaba casado. Fue visto, segun testimonios, el 1 de septiembre de 1977 en la ESMA.

Godoy Lino
Fue secuestrado en Avellaneda el dia 2 de septiembre de 1977, afiliado y militante gremial en el SOMU.

Lopez Hector
Miembro de la Comision Directiva de la Seccion Maquina del SOMU. Sin datos.

Quintana Ruben
Afiliado del SOMU. Desaparecido cuando se dirigia a embarcar. Sin datos.

Gomila Mario
Afiliado del SOMU. Desaparecido. Sin datos.

Ristin Manuel
Afiliado del SOMU. Desaparecido. Sin datos.

Sanchez Adolfo
Afiliado del SOMU. Desaparecido. Sin datos.

Blanco Ricardo Tomas
Afiliado del SOMU. Desaparecido. Sin datos.

Fuentes: Sergio Wischñevsky

Una respuesta a “24 de Marzo: a 40 años del Golpe genocida civico militar

  1. Gracias por la memoria. Soy Adrian, nieto de Luis Raul Bonanno “El Cholo” Prosecretario de Asistencia Social….uno de los desaparecidos del Grupo SOMU

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