60 aniversario del salvaje bombardeo a Plaza de Mayo

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Bombardeo contra los Trabajadores:

El día había amanecido lluvioso; la temperatura no superaba los 4 grados y la rutina de la ciudad era la normal. A las 12.40 se arrojaron 10 toneladas de bombas que provocaron más de 300 muertos entre trabajadores y niños. Muchos más de 50 fueron reconocidos en las morgues por sus delantales blancos.

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Oficiales de la Aviación Naval bombardearon Plaza de Mayo en un intento por terminar con el gobierno del presidente constitucional Juan Domingo Perón. Al mediodía, bombardean y ametrallan la sede del gobierno y la Plaza de Mayo. Una de las primeras bombas estalla en el techo de la Casa Rosada. Otra, le pega a un trolebús lleno de pasajeros y mueren todos sus pasajeros. El plan de los sublevados incluía, como objetivo central y evidente, el asesinato del presidente de la Nación, pero Perón no estaba en la Rosada; se había trasladado al Ministerio de Guerra -Edificio Libertador, alertado por el ministro, General Franklin Lucero de “ciertos rumores” y montado allí un comando centralizado. Los principales objetivos además de la casa Rosada eran: el Departamento de Policía, en Belgrano y Virrey Cevallos, la CGT, en Independencia y Azopardo, y la residencia presidencial de capital, situada en Austria entre Las Heras y Libertador. A pesar de las indicaciones de Perón a la CGT tratando de circunscribir la lucha a los militares, los militantes trabajadores peronistas caminaban en masa detrás de las tanquetas. A las 13:12, el Secretario General Adjunto de la CGT, Hugo Di Pietro, convocó a los trabajadores de capital y conurbano con un llamado general: “Compañeros, el Golpe de Estado ha comenzado. Todos los trabajadores deben reunirse en los alrededores de la CGT, donde recibirán instrucciones. ¡Demos la vida por Perón!

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Perón no quiere un enfrentamiento entre las fuerzas armadas y, mucho menos, entre militares y trabajadores. Aquel 16 de junio de 1955, después del primer bombardeo a la Casa de Gobierno, el general le ordena a un mayor del ejército que fuera a hablar con el secretario general de la CGT: – Ni un solo obrero debe ir a la Plaza de Mayo -le dice al oficial. Y refiriéndose a los aviadores navales, agrega: -Estos asesinos no vacilarán en tirar contra ellos. Ésta es una cosa de soldados. Yo no quiero sobrevivir sobre una montaña de cadáveres de trabajadores. Los obreros salieron a la calle igual, al grito de “¡Perón, Perón!” Los trabajadores, efectivamente, comenzaron a llegar a la zona poco después, en camiones fletados por los sindicatos y por la Fundación Eva Perón y en ómnibus requisados por ellos mismos, congestionando los accesos al centro. Otros resistentes espontáneos detuvieron ómnibus y troles para cruzarlos en la General Paz y sus principales intersecciones, de modo de prevenir avances terrestres. Los primeros trabajadores en llegar a la zona recibieron unas pocas armas de puño, con las que se desparramaron por las recovas de Paseo Colón para hostigar a los infantes de marina. Otros manifestantes se dedicaron a atender a los heridos y otros, por fin, asaltaron una armería en Constitución y otra en Tucumán y San Martín.

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Por la tarde, los golpistas atrincherados en la Secretaría de Marina despliegan una bandera blanca que, de acuerdo a las reglas militares, sólo podía significar dos cosas: diálogo o rendición. El general peronista Juan José Valle y otros oficiales leales se dirigen al lugar para parlamentar, con instrucciones de ser tolerantes con los rebeldes. Cuando la comisión se acerca al edificio, la bandera blanca es arriada y una ametralladora los recibe con ráfagas de plomo. Ese mismo día, después de recuperar el edificio, el general Valle le dijo a Perón: – Mi general, este ejército no le va a servir para la revolución popular. Arme a la CGT. Una vez detenido el intento golpista en su mensaje por cadena nacional, el Presidente no ahorró denuestos a la Armada ni elogios y agradecimiento al Ejército. El Secretario General de la CGT, Eduardo Vuletich, tuvo un fugaz regreso al rol que en la práctica desempeñaba Di Pietro, y cargó las tintas sobre la responsabilidad de la Iglesia, que por cierto apadrinaba ostensiblemente a los golpistas. En la noche, como reacción popular a los bombardeos, son saqueadas e incendiadas la Catedral Metropolitana y diez iglesias. Poco después, trasciende que Perón ha sido excomulgado por el Papa Pío XII, quien siempre se negó a tomar idéntica medida con Mussolini y Hitler. El conflicto con la iglesia derivó de la creación del Partido Demócrata Cristiano de Argentina como símil del impulsado por el Vaticano en Italia, y del desagrado de Perón, a cuyo juicio el Partido Justicialista ya ocupaba ese lugar. El peronismo hizo votar una avanzada ley de divorcio, eliminó la enseñanza religiosa en las escuelas del Estado y promovió el debate alrededor de la separación de la Iglesia y el Estado. La iglesia identificó crecientemente al régimen con una dictadura “inmoral” contra el que predicó desde todos los púlpitos.

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La antesala del terrorismo de Estado en Argentina:

El bombardeo metódico duró hasta pasadas las 16:30, luego huyeron en masa al Uruguay, en algunos aviones de transporte. Los pilotos que aún se hallaban en el aire hicieron lo propio. En el comité de recepción oriental estaban Carlos Suarez Mason, exiliado allí desde 1951 y futuro jefe de asesinos seriales del primer cuerpo de Ejército, y el socialista de ultraderecha Américo Ghioldi, futuro embajador de Videla.

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Entre quienes llegaban estaba Osvaldo Cacciatore, quien a partir de 1976 sería intendente “de facto” de la misma ciudad indefensa que había bombardeado. El presidente Luis Batlle Berres devolvió más tarde los aviones, pero agasajó informalmente a los hombres. El terrorismo antiperonista databa de tiempo atrás. No comenzó el 16 de junio de 1955 con el bombardeo a los manifestantes en la Plaza de Mayo. Algo más de dos años antes, el 15 de abril de 1953, con motivo de un acto oficialista, con Perón como orador, un “comando civil” hizo explotar dos bombas, una de ellas en el andén de la también estación “Plaza de Mayo” de la Línea “A” de los subterráneos porteños. Como resultado de la misma murieron seis personas, otras 19 quedaron lisiados a perpetuidad y 93 más sufrieron heridas de diferentes consideraciones. El principal responsable de ello fue el dirigente radical Roque Guillermo Carranza, quién fue detenido el 11 de mayo de ese año y sigue homenajeado llevando su nombre una estación de subte.

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Crónica de un golpe anunciado:

La embestida golpista había sido detenida, sin embargo, la situación ha llegado a un punto sin retorno. Conservadores, radicales, nacionalistas liberales, comunistas y socialistas exigen la renuncia del presidente. El Ejército, la Marina y la Aeronáutica conspiran abiertamente y los “comandos civiles” se organizan. Tres meses después, Perón será derrocado por la llamada “revolución libertadora”, un antecedente de la sangrienta dictadura instaurada en 1976. La presidencia del General Perón seguía siendo el gobierno constitucional del país, su titular había sido reelecto con el 68% de los sufragios solo tres años antes, los salarios de los trabajadores seguían participando en el Producto Bruto Interno en una proporción próxima al 50; se estaba cerca de una alfabetización del 100%, habían desaparecido enfermedades endémicas, no había déficit de viviendas, ni de escolarización, ni de camas de hospital, ni deuda externa. Fue contra esto que se dispararon las balas asesinas que no se detuvieron en el ´55, sino que se fueron acrecentando hasta el nefasto golpe oligárquico del ´76, las bombas no estaban dirigidas a una persona determinada, sino que iban contra todas las conquistas del pueblo trabajador. Iban contra la Justicia social, contra la Independencia Económica, contra la Soberanía Política y principalmente contra la felicidad de nuestro pueblo.

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El saldo fue de 364 muertos y cerca de 1000 heridos. De ese total, sólo 44 eran militares. La mayoría de los muertos y de los heridos estuvo integrada por población civil, desarmada, que caminaba por el lugar. Hombres, mujeres y niños perdieron la vida, fueron asesinados, en una aventura de unos pocos.

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El golpe salvaje fue dominado y los aviones (con la inscripcion Cristo vence) volaron hacia el Uruguay llevando 90 personas, en su mayoría oficiales, que fueron recibidos en Montevideo y permanecieron allí hasta tres meses después, cuando lograron derrocar el gobierno democrático y se encaramaron en el poder dando lugar al comienzo de una dictadura feroz que persiguió, encarceló, torturó y fusiló. Se autodenominaron “La Revolución Libertadora” pero son recordados como “Los fusiladores”.

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Esta tremenda masacre fue silenciada a lo largo de muchos años por parte de los representantes de la historia oficial. Tuvieron que pasar cuarenta años para poder hacer las listas de los caídos, a los que se trató de ignorar.
Los asesinos del 16 de junio de 1955 jamás fueron condenados.

2 Respuestas a “60 aniversario del salvaje bombardeo a Plaza de Mayo

  1. Hay una foto que no es del bombardeo de 1955, ni de Plaza de Mayo, la foto que digo es la de los cadaveres apilados..esa foto es de Dresden, Alemania, 1945.
    En Plaza de Mayo no se apilaron ni mucho menos, se incineraron los cadaveres de las victimas..

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